Hay lugares por los que miles de personas pasan cada año sin imaginar realmente lo que esconden bajo sus pies. El ascensor del Castillo de Santa Bárbara, en Alicante, es uno de ellos. Para la mayoría de turistas es simplemente una forma rápida y cómoda de subir desde la playa del Postiguet hasta una de las fortalezas más impresionantes del Mediterráneo. Apenas veinte segundos de trayecto vertical dentro de una montaña. Pero detrás de ese recorrido hay siglos de historia, una explosión de guerra que cambió el monte Benacantil para siempre, una de las obras de ingeniería más ambiciosas de la Alicante de los años 60 y también algunas preguntas históricas que todavía hoy siguen abiertas sobre la mano de obra utilizada durante el franquismo.
Cuando uno atraviesa el largo túnel excavado en la roca y escucha el eco húmedo del interior del Benacantil, cuesta imaginar que aquel lugar nació realmente de una guerra. Porque el origen del ascensor no empieza en 1963, ni siquiera en el siglo XX. Empieza en plena Guerra de Sucesión Española.
Una montaña marcada por una explosión en 1709
En el año 1709, Alicante era un enclave estratégico dentro de la Guerra de Sucesión. El Castillo de Santa Bárbara permanecía bajo control austracista mientras las tropas borbónicas trataban de recuperar la fortaleza a cualquier precio. La solución fue extrema: excavar una enorme mina bajo el monte Benacantil y llenarla con toneladas de pólvora.
La explosión fue devastadora. Parte de la fortaleza saltó por los aires y murió el gobernador británico John Richards, uno de los principales defensores del castillo. Aquel ataque dejó enormes daños estructurales y alteró para siempre el interior de la montaña. Lo que nadie podía imaginar entonces es que, más de dos siglos después, aquellas cavidades terminarían siendo aprovechadas por ingenieros y arquitectos para construir uno de los accesos turísticos más singulares de España.
Alicante descubre el turismo moderno
Durante décadas, el castillo quedó prácticamente abandonado. Tras la Guerra Civil Española, incluso fue utilizado como prisión provisional y recinto militar. Sin embargo, a finales de los años 50 y comienzos de los 60, Alicante empezó a transformarse aceleradamente con la llegada del turismo de masas.
La ciudad necesitaba abrir definitivamente el Castillo de Santa Bárbara al visitante moderno. El gran problema era el acceso. Subir hasta la fortaleza suponía una larga y dura subida a pie o por carretera, algo poco práctico para una ciudad que comenzaba a venderse internacionalmente como destino turístico.
Fue entonces cuando el alcalde franquista de Alicante, Agatángelo Soler, impulsó uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de la época: perforar el interior del Benacantil para conectar directamente la playa del Postiguet con el corazón del castillo.
La idea parecía casi imposible para aquellos años.
La gigantesca obra de ingeniería dentro del Benacantil
La construcción del ascensor del Castillo de Santa Bárbara fue una auténtica proeza técnica para la ingeniería española de comienzos de los años 60.
Las obras obligaron a perforar el interior del monte desde la avenida Juan Bautista Lafora, prácticamente a nivel del mar. Primero se excavó una galería horizontal de más de 204 metros de longitud. Ese túnel recto penetra directamente en las entrañas de la montaña hasta llegar al núcleo central del sistema.
Al final de la galería se construyó el gran pozo vertical. La infraestructura alcanza aproximadamente 142 metros de altura desde la base hasta el castillo. Allí se instalaron dos ascensores independientes, diseñados para garantizar el flujo constante de visitantes y evitar que una avería dejara incomunicado el acceso.
Para la época, aquello era una infraestructura absolutamente espectacular. No solo por la perforación de la roca, sino también por las condiciones técnicas y logísticas que exigía trabajar dentro del Benacantil con la maquinaria disponible a principios de los años 60.
Muchos trabajadores desarrollaron su labor en condiciones especialmente duras, rodeados de polvo, humedad y perforaciones continuas dentro de la montaña.
La inauguración de 1963 cambió Alicante para siempre
Los ascensores fueron inaugurados oficialmente el 17 de febrero de 1963, incluso antes de que terminaran completamente las obras de restauración del castillo.
La apertura marcó un antes y un después para Alicante. De repente, cualquier turista podía pasar de la arena de la playa del Postiguet a contemplar toda la bahía alicantina desde lo alto del castillo en apenas unos minutos.
Aquella imagen simbolizaba perfectamente la nueva España turística que el franquismo trataba de proyectar al exterior: modernidad, sol, playa y grandes infraestructuras orientadas al visitante internacional.
El Castillo de Santa Bárbara había sido declarado Monumento Histórico-Artístico en 1961 y el ascensor terminó de convertirlo en uno de los principales iconos turísticos de la ciudad.
La gran incógnita sobre la mano de obra utilizada
Y es aquí donde aparece una de las partes más delicadas e históricamente sensibles de toda esta historia.
Actualmente no existe documentación pública concluyente que permita afirmar que presos políticos trabajaron específicamente en la construcción del ascensor del Castillo de Santa Bárbara. Eso debe dejarse muy claro.
No hay pruebas definitivas conocidas que acrediten directamente la utilización de presos republicanos en esta obra concreta.
Sin embargo, sí existe un contexto histórico perfectamente documentado que obliga a plantear preguntas razonables.
Durante la dictadura de Francisco Franco funcionó en España el sistema conocido como “Redención de Penas por el Trabajo”, creado en 1938. A través de este modelo, miles de presos —muchos de ellos republicanos encarcelados tras la Guerra Civil— participaron en la construcción de infraestructuras públicas, carreteras, líneas ferroviarias, pantanos, canales y grandes monumentos del franquismo.
Oficialmente, el sistema permitía reducir condenas mediante el trabajo. Pero numerosos historiadores y asociaciones memorialistas consideran que aquellas condiciones constituyeron una forma de trabajo forzado o semiesclavo debido al contexto represivo y a la ausencia de libertad real.
En España está ampliamente documentada la utilización de presos en obras como el Valle de los Caídos y en numerosas infraestructuras hidráulicas y ferroviarias desarrolladas durante los años 40 y 50.
Lo que sí se sabe y lo que no se puede afirmar
En el caso concreto del ascensor del Castillo de Santa Bárbara, las fuentes históricas disponibles sí confirman:
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- que la obra fue impulsada por el Ayuntamiento de Alicante durante el franquismo,
- que participaron empresas de obra pública de la época,
- y que los trabajos se realizaron dentro del contexto del desarrollismo franquista.
Pero las fuentes accesibles actualmente no detallan con claridad la identidad completa de toda la mano de obra utilizada ni permiten afirmar categóricamente la presencia de presos políticos en las excavaciones.
Esa diferencia es fundamental desde el punto de vista histórico y periodístico.
Hablar de indicios históricos o de hipótesis razonables es legítimo cuando existe un contexto documentado. Convertirlo directamente en un hecho probado sin pruebas concluyentes no lo sería.
Parte de la documentación técnica y administrativa de aquellos años continúa dispersa, incompleta o sin digitalizar, algo relativamente habitual en numerosas obras públicas desarrolladas durante la dictadura.
Un ascensor que hoy sigue siendo el corazón turístico de Alicante
Más de sesenta años después de su inauguración, el ascensor continúa siendo la principal puerta de entrada al castillo.
En enero de 2026, el Ayuntamiento de Alicante acometió una importante modernización técnica del sistema para sustituir motores y piezas internas ya obsoletas, afectados por décadas de humedad marina y uso intensivo.
Hoy, miles de visitantes de todo el mundo siguen recorriendo diariamente aquel túnel excavado dentro del Benacantil sin imaginar que atraviesan una obra donde conviven ingeniería, guerra, franquismo, turismo y memoria histórica.
Y quizá ahí reside precisamente la verdadera grandeza del ascensor del Castillo de Santa Bárbara: en que no es solo un elevador. Es un fragmento gigantesco de la historia contemporánea de Alicante enterrado dentro de una montaña.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas/ AFPRESS

