La Ordenanza del Medio Rural sale adelante para ordenar y proteger el campo
El Camp d’Elx llevaba años reclamando una herramienta clara, concreta y útil para poner orden en muchos de los problemas que se arrastran desde hace tiempo en el entorno rural. Ese primer paso ya se ha dado. El pleno del Ayuntamiento de Elche ha aprobado inicialmente la que será la primera Ordenanza del Medio Rural del municipio, una norma pensada para regular el uso, la conservación y la protección del campo ilicitano.
No es un detalle menor. Hablamos de una normativa que aterriza en un territorio clave para la identidad, la economía y el paisaje de Elche. De hecho, desde el propio proceso de elaboración se ha recordado que una parte muy importante del término municipal es suelo rústico o agrícola, lo que explica la necesidad de contar por fin con un marco propio para afrontar conflictos y situaciones que hasta ahora quedaban demasiado difusas o dispersas.
La aprobación inicial salió adelante con los votos favorables de PP y Vox y la abstención de PSOE y Compromís, y abre ahora una nueva fase de exposición pública antes de que el texto pueda volver al pleno para su aprobación definitiva, previsiblemente entre mayo y junio.
Una norma pensada para problemas muy reales
La filosofía de esta ordenanza no es abstracta ni burocrática. Nace, sobre todo, para responder a situaciones que cualquier persona vinculada al campo reconoce de inmediato: parcelas abandonadas, falta de mantenimiento, vertidos incontrolados, problemas de convivencia en caminos rurales, riesgos ambientales y peligro de incendios.
El concejal de Pedanías, Pedro José Sáez, lo resumió de forma bastante clara al defender el texto como un documento “necesario” que viene a cubrir un vacío histórico. La idea, según trasladó el equipo de gobierno, no es convertir la norma en una herramienta puramente sancionadora, sino en un instrumento para ordenar, prevenir y corregir. Ese matiz es importante, porque la ordenanza busca actuar antes de que el deterioro del entorno acabe convirtiéndose en un problema mayor.
En la misma línea, el concejal de Medio Ambiente, José Antonio Román, ha venido defendiendo esta regulación como una respuesta técnica a una situación que preocupa desde hace tiempo: el abandono de una parte relevante de la superficie agraria y sus consecuencias sobre el territorio. Cuando una parcela deja de mantenerse, el problema no se queda dentro de esa finca. Aparecen maleza, residuos, plagas, escorrentías mal gestionadas o un riesgo mayor de fuego en épocas sensibles.
Qué regula exactamente la nueva ordenanza
La futura Ordenanza del Medio Rural entra en varios frentes esenciales del día a día del Camp d’Elx. Por un lado, regula la conservación de parcelas y el tratamiento del abandono de tierras, una cuestión especialmente delicada en un municipio donde el suelo agrícola forma parte no solo del paisaje, sino también de la actividad económica y de la memoria colectiva.
También aborda el uso de caminos rurales, un asunto que suele generar tensiones entre usos agrícolas, tránsito de vehículos, accesos a fincas y conservación del entorno. A eso se suma la gestión del agua, la prevención de incendios y el control de vertidos, uno de los puntos más sensibles de los últimos años en distintas zonas del campo ilicitano.
Otro de los aspectos relevantes del texto es que no se queda en una declaración de intenciones. La ordenanza incorpora un sistema de inspección municipal y la posibilidad de dictar órdenes de ejecución, lo que permitirá al Ayuntamiento intervenir cuando detecte situaciones de deterioro, incumplimientos o riesgos objetivos para el medio rural.
Un documento trabajado con el sector
Uno de los elementos que el gobierno local ha querido subrayar durante todo el proceso es que esta norma no se ha redactado de espaldas al campo. Según se ha explicado en los últimos meses, el documento ha sido trabajado con representantes del sector agrario y con personal técnico, y ya había recibido respaldo en fases previas dentro del proceso de participación impulsado por el Ayuntamiento.
Eso no significa que el texto esté cerrado. Al contrario: tras esta aprobación inicial se abre un periodo de exposición pública de 30 días, en el que podrán presentarse observaciones, sugerencias o alegaciones antes de la aprobación definitiva. Ese trámite será importante, porque es ahí donde muchas veces se afinan los detalles que terminan marcando la aplicación real de una ordenanza sobre el terreno.
El campo como parte de la identidad de Elche
Más allá de la técnica jurídica, esta ordenanza tiene también una lectura política y territorial evidente. Hablar del Camp d’Elx no es hablar de un espacio secundario o periférico. Es hablar de una parte esencial de lo que ha sido y sigue siendo Elche: sus pedanías, su agricultura, sus infraestructuras de riego, sus caminos, sus márgenes y esa relación tan particular entre ciudad y campo que aquí no se entiende una sin la otra.
Por eso, esta primera ordenanza específica del medio rural tiene un valor que va más allá del trámite administrativo. Si se aplica bien, puede convertirse en una herramienta útil para proteger el suelo agrícola, reducir conflictos, prevenir degradación y dar algo que durante mucho tiempo ha faltado: reglas claras para cuidar el campo ilicitano sin perder de vista su realidad diaria.
Ahora empieza la fase decisiva: la de convertir el papel en una norma útil, equilibrada y realmente eficaz.