La crisis por el control del islote Perejil en 2002 mostró la capacidad de España para responder con firmeza y sin violencia, con el respaldo internacional de Estados Unidos
En julio de 2002, un pequeño peñón deshabitado en el mar de Alborán, conocido como islote Perejil, fue el centro de una crisis diplomática entre España y Marruecos que puso a prueba las relaciones bilaterales entre ambos países. La madrugada del 11 de julio, seis gendarmes marroquíes desembarcaron en el islote e izaron su bandera nacional, lo que fue interpretado por el Gobierno español como una ocupación unilateral de un territorio bajo su administración.
El entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, calificó la acción como «inaceptable» y exigió la retirada inmediata de los efectivos marroquíes. La respuesta española fue firme, pero contenida, activando canales diplomáticos y reforzando su presencia militar en el Estrecho de Gibraltar, mientras la tensión crecía con cada hora que pasaba. La situación generó alarma tanto en la opinión pública como en los foros internacionales.
Marruecos alegó que su presencia en el islote respondía a la necesidad de luchar contra la inmigración irregular y el narcotráfico. Sin embargo, las autoridades españolas negaron rotundamente que existieran antecedentes de tales actividades en esa zona, que se había mantenido deshabitada durante años.
La tensión diplomática aumentó durante los días siguientes. España desplegó unidades navales y aéreas para mostrar su disposición a proteger su soberanía. Finalmente, el 17 de julio, se ejecutó la operación militar “Romeo Sierra”, llevada a cabo por el Grupo de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra y apoyada por buques de la Armada y helicópteros. La intervención fue rápida, precisa y sin derramamiento de sangre: los gendarmes marroquíes fueron desalojados pacíficamente y trasladados a Ceuta.
Una vez recuperado el islote, España restituyó su situación al statu quo previo: un territorio sin presencia militar de ningún país. Este gesto evitó una escalada mayor y reforzó el compromiso español con la estabilidad regional.
El papel de Estados Unidos fue crucial para alcanzar una solución diplomática definitiva. El entonces Secretario de Estado, Colin Powell, medió entre las partes y propuso la vuelta a la situación anterior al 11 de julio, lo que fue aceptado tanto por Madrid como por Rabat. Esta mediación fue decisiva para cerrar la crisis sin consecuencias mayores.
Con el paso del tiempo, el incidente del islote Perejil ha sido analizado en ámbitos diplomáticos, políticos y académicos como un ejemplo paradigmático de resolución pacífica de conflictos territoriales. A pesar de su brevedad, el episodio puso de manifiesto la fragilidad de las relaciones hispano-marroquíes, así como la necesidad de mantener canales diplomáticos abiertos y efectivos ante disputas en zonas sensibles.
Además, el caso reafirmó la capacidad del Estado español para actuar con rapidez y responsabilidad ante amenazas a su integridad territorial, combinando fuerza y diplomacia de manera ejemplar. También evidenció la relevancia de contar con aliados estratégicos en momentos de tensión internacional.

A día de hoy, el islote Perejil sigue deshabitado y permanece como símbolo de cómo una crisis puede gestionarse sin violencia mediante el equilibrio entre defensa, diplomacia y mediación internacional. 35.913927756643574, -5.41875601373648
Crónica.: Paco Ciclón
Imagen.: OpenAi
