Elche suma desde hoy una nueva pieza cargada de simbolismo para su memoria festera. La Asociación de Belenistas de Elche ha donado una maqueta del Palacio de Altamira a la Asociación de Moros y Cristianos, y desde ya puede contemplarse en el Museo de Moros y Cristianos, ubicado en el Centro Municipal de Visitantes.
No se trata solo de una incorporación expositiva. Es, sobre todo, un gesto de unión entre dos colectivos muy ligados a la vida cultural y tradicional de la ciudad. Una donación que pone en valor uno de los escenarios más reconocibles de Elche y, al mismo tiempo, uno de los espacios más estrechamente vinculados a la celebración de los Moros y Cristianos.
En el acto han estado presentes el presidente de la Asociación de Moros y Cristianos de Elche, Julián Fernández; la concejala de Festejos, Inma Mora; y el presidente de la Asociación de Belenistas, Francisco Guilabert, además de representantes de los cargos festeros del presente ejercicio, entre ellos los capitanes Moro y Cristiano, el abanderado y el Rey Jaume I.
La elección del Palacio de Altamira como pieza central de esta donación no es casual. Hablamos de uno de los enclaves patrimoniales más emblemáticos de la ciudad, un edificio histórico situado en el corazón de Elche y estrechamente ligado a la identidad ilicitana. Además de su valor monumental, el palacio mantiene una conexión directa con la fiesta, especialmente con uno de sus momentos más esperados: la Embajada del 9 de agosto, una de las representaciones más queridas y reconocibles del calendario de Moros y Cristianos en la ciudad.
Durante el acto, Julián Fernández ha subrayado precisamente esa dimensión simbólica del edificio, al recordar que el Palacio de Altamira “forma parte del patrimonio ilicitano” y que representa un elemento esencial dentro del imaginario de la fiesta. No es una afirmación menor. En Elche, el vínculo entre el patrimonio monumental y las celebraciones populares no solo es evidente, sino que forma parte del alma de muchos de sus actos más importantes.
La incorporación de esta maqueta al museo permite, además, reforzar el discurso expositivo del espacio festero, que nació con la vocación de preservar, difundir y poner en valor la historia de los Moros y Cristianos de Elche. La propia Asociación Festera presentó recientemente este museo como un lugar pensado para conservar la esencia de la fiesta y acercarla tanto a los ilicitanos como a quienes visitan la ciudad.
Más allá de la propia donación, el acto también ha servido para mirar al futuro inmediato de la fiesta. Fernández ha avanzado que la entidad se encuentra ya en la recta final de la redacción del proyecto con el que se pretende solicitar la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional para los Moros y Cristianos de Elche.
Se trata de un paso relevante para unas fiestas que en los últimos años han reforzado su proyección y su presencia dentro del calendario festivo local. La intención es que, una vez concluido el documento, se traslade al Ayuntamiento para iniciar los correspondientes trámites administrativos. El objetivo no es menor: seguir consolidando una celebración que, además de su valor lúdico y participativo, forma parte de la identidad cultural de la ciudad y de su proyección exterior. En los últimos años, la propia fiesta ha venido ganando visibilidad con actos, publicaciones y encuentros de ámbito festero y nacional.
Por su parte, la edil de Festejos, Inma Mora, ha querido poner el foco en el trabajo constante que realiza la Asociación de Moros y Cristianos a lo largo de todo el año, más allá de los días grandes de agosto. Un trabajo muchas veces silencioso, pero fundamental para mantener viva la programación, la implicación de las comparsas y la transmisión de la tradición festera a nuevas generaciones.
Mora también ha agradecido expresamente el gesto de la Asociación de Belenistas, destacando el valor de esta aportación para enriquecer el patrimonio material vinculado a la fiesta. Y, al mismo tiempo, ha reiterado el respaldo del Ayuntamiento al proceso que busca ese reconocimiento nacional para los Moros y Cristianos de Elche.
La imagen que deja este acto es, en el fondo, muy ilicitana: asociaciones locales colaborando, patrimonio y fiesta caminando de la mano, y una ciudad que sigue encontrando formas de contar su historia también a través de sus tradiciones. Porque en Elche, muchas veces, la cultura no solo se conserva en los edificios o en los archivos. También se mantiene viva en la emoción compartida, en los símbolos y en esos pequeños gestos que ayudan a que la memoria colectiva siga teniendo un lugar visible.
Y desde hoy, esa memoria tiene también forma de maqueta.

