En el panorama político, mediático y social actual, hay una respuesta que aparece cada vez que alguien recibe una crítica directa: “Y tú más”. Esta expresión, aparentemente simple, esconde una estrategia de desvío argumental que evita asumir responsabilidades y desvía el foco hacia los errores del interlocutor.
Conocida internacionalmente como whataboutism, esta táctica no trata de rebatir una acusación ni de argumentar en contra, sino de señalar que el otro también ha hecho algo mal, normalmente igual o peor. La intención es clara:
“Puede que yo lo haya hecho, pero tú también, así que no me lo puedes reprochar.”
¿Es una admisión de culpa disfrazada?
En cierto modo, sí. No se formula como una confesión directa (por ejemplo: “sí, cometí un error”), pero tampoco niega los hechos. Lo que hace es asumir implícitamente que hubo una falta, pero intentando deslegitimar al crítico comparándolo con una conducta similar o peor.
Su función no es aclarar ni responsabilizarse, sino protegerse desviando el foco del debate.
Una herramienta común en política y redes sociales
Esta fórmula retórica es especialmente común en el discurso político. Cuando un partido es señalado por una decisión polémica o una mala gestión, no es raro que responda:
“Y cuando gobernaban ustedes, ¿qué hicieron?”
Con esta táctica, se evita el debate sobre el presente y se traslada la discusión al pasado o al adversario, fomentando una dinámica de reproches cruzados que empobrece el diálogo democrático.
En redes sociales, el whataboutism también prolifera. Se utiliza para justificar acciones cuestionables o para defender posiciones ideológicas, basándose en una lógica comparativa que no soluciona nada y sólo profundiza la polarización.
El “y tú más” puede parecer una respuesta ingeniosa o efectiva, pero en realidad es una trampa que impide el pensamiento crítico y la responsabilidad. Si todos recurren a esa táctica, nadie responde de sus actos y el debate público se convierte en un constante juego de acusaciones mutuas sin avances reales.
Detectarlo es el primer paso para desmontarlo. Como ciudadanos, es fundamental reconocer cuándo nos están desviando del tema, y exigir respuestas claras, honestas y argumentadas. Solo así podremos construir una conversación más madura y útil, tanto en la política como en nuestra vida cotidiana.
Paco Ciclón / AFPRESS
Imagen de Forges: OpenAi