Hay imágenes que explican mejor un debate político que diez páginas de discursos. Y lo ocurrido este viernes en el Congreso es una de ellas.
Pedro Sánchez habló de la historia. Gabriel Rufián puso sobre la mesa un billete de 50 euros y unas llaves.
Dos formas muy diferentes de hablar de lo mismo: la vivienda.
Sánchez intervino antes de la votación de los dos decretos de vivienda y lanzó una última petición a los grupos que habían anunciado su rechazo:
«Hagan lo correcto porque, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan».
Después llegó Rufián, dirigiéndose especialmente a Junts, y convirtió aquellos objetos en símbolos de su crítica:
«Esta es su estelada, la que comparten con PP y Vox; y este es el símbolo de la Puerta del Sol, las llaves de mi casa, que ni siquiera es la mía. Este es el debate. O aquí o aquí. No hay nada más».
Más allá de las diferencias entre Sánchez y Rufián, hay algo que me parece importante no perder de vista.
El Congreso rechazó los dos decretos. El primero, por 178 votos frente a 172, con los votos en contra de PP, Vox, Junts y UPN. El segundo fue rechazado por 184 votos frente a 166.
Y ahora viene la parte que, para mí, merece una reflexión.
Votar en contra de una ley es legítimo. Un diputado puede considerar que una medida está mal planteada, que es insuficiente o que existe una alternativa mejor. De hecho, Junts defendió precisamente que los decretos no solucionaban el problema de la vivienda y reclamó otras medidas.
Pero cuando se rechaza una medida destinada a actuar sobre un problema tan serio como la vivienda, creo que hay una pregunta que no debería quedarse en el Congreso:
¿Y ahora qué?
Porque el problema sigue ahí.
Siguen estando quienes no pueden pagar un alquiler, quienes tienen dificultades para encontrar una vivienda y quienes viven pendientes de no perder la que tienen.
Por eso, más que quedarme con quién ganó el debate parlamentario o quién pronunció la frase más contundente, me quedo con esas llaves que enseñó Rufián.
Una llave representa algo muy sencillo: una puerta detrás de la cual hay una vida.
Y esa vida no entiende de bloques parlamentarios.
La historia ya dirá quién tuvo razón. Pero mientras llega ese momento, quienes han votado en contra de estos decretos tienen también una responsabilidad: explicar a los ciudadanos qué alternativa concreta proponen para afrontar el problema de la vivienda.
Porque tumbar una medida puede ser una decisión política.
Solucionar el problema es otra cosa.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas /AFPRESS
