Hoy las calles de Elche no han hablado de números, han hablado de personas.

manifestación trabajadores Analco María Jaén Konecta Elche

Trabajadores de Analco, María Jaén y Konecta salen a la calle porque detrás de un ERE hay vidas que no pueden esperar

Hoy  Elche ha sido testigo de un momento que pocos queríamos ver: cientos de personas salieron a manifestarse desde las Chimeneas hasta la Plaça de Baix para hacer visible algo que para ellos no es una cifra, sino una realidad cotidiana que está marcando sus vidas.

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Lo que está en el centro de esta protesta no es simplemente un expediente de regulación de empleo —ERE—, sino las historias concretas de trabajadores de Analco, María Jaén y Konecta (a través de Castilian) que han dedicado años, incluso décadas, de su vida a levantar empresas que hoy les tienen al borde de la incertidumbre.

Cerca de 420 personas se han visto afectadas por estos procesos en Elche, con alrededor de 260 empleos en Analco, 60 en María Jaén y 104 en Castilian, según datos sindicales y fuentes informativas.

La movilización, convocada por Comisiones Obreras (CCOO), ha sido una respuesta al retraso en el pago de indemnizaciones, a la falta de certezas sobre su futuro laboral y al sentimiento profundo de muchos de sentirse “solo un número” frente a decisiones que cambian vidas.

En el caso de Analco, una compañía histórica en el sector de componentes del calzado, el juzgado ratificó recientemente el concurso de acreedores y la empresa sostiene que trabaja para agilizar las indemnizaciones pactadas con los sindicatos. Aunque este paso legal se ha producido, la tensión sigue, pues los afectados reclaman que los pagos pendientes se realicen cuanto antes y de manera efectiva.

Al grito de “no somos números, somos personas”, las y los manifestantes han querido poner rostro y voz a una crisis que afecta a más de 500 familias en Elche, según han denunciado los sindicatos, que además reclaman la intervención de las administraciones locales para proteger a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

La protesta, que ha transcurrido de manera pacífica pero con gran emotividad, denunció también la falta de respuesta del Ayuntamiento ante estas situaciones, una crítica que se ha repetido en varias intervenciones durante la marcha.

Para muchos de los trabajadores allí presentes, esta movilización ha sido más que un acto de protesta: ha sido un grito de dignidad, una forma de decir que, detrás de las cifras de un ERE, hay familias que tienen que pagar alquileres, mantener hogares y sostener esperanzas de construir un futuro mejor. Y esa humanidad es la que ha querido hacerse visible en las calles de nuestra ciudad hoy.

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