El Paseo de la Estación de Elche volvió a convertirse ayer en ese lugar donde pasan cosas bonitas. Arrancó la nueva edición de la Feria del Libro de Elche 2026 y lo hizo con muy buen ambiente, con gente paseando entre casetas, libros en la mano y muchas ganas de disfrutar de la lectura. Y lo mejor es que hoy continúa con esa misma energía, con una gran afluencia de público y buenas sensaciones también en las ventas.
Este año, la feria ha cambiado de ubicación y ha dado el salto al Paseo de la Estación, un espacio más amplio que responde al crecimiento que viene experimentando el evento en los últimos años. La decisión no es casual: cada edición atrae a más visitantes, más autores y más librerías, consolidándose como una de las citas culturales más queridas de la ciudad.
Desde primera hora, el ambiente ha sido constante. Familias, jóvenes, lectores habituales y curiosos han ido llenando las casetas —alrededor de 15 librerías y espacios literarios— donde no solo se venden libros, sino que también se conversa, se recomienda y se descubren nuevas historias.
Uno de los grandes atractivos, como siempre, son las firmas de autores. Durante toda la jornada se están sucediendo encuentros cercanos entre escritores y lectores, algo que convierte la feria en una experiencia mucho más humana que cualquier compra online. Este año, además, participan nombres reconocidos del panorama nacional junto a autores locales, lo que refuerza ese equilibrio entre talento cercano y proyección exterior.
La programación también está pensada para todos. Hay actividades infantiles durante toda la jornada, talleres, presentaciones y propuestas culturales que invitan a quedarse, no solo a pasar. La zona dedicada a los más pequeños, con sombra y actividades continuas, está siendo uno de los puntos más animados del recinto.
Desde la organización se respira optimismo. La previsión es mantener e incluso superar los datos de participación y ventas de años anteriores, algo que ya se empieza a notar desde el primer día. Y es que la feria no solo es cultura, también es un impulso directo al comercio local, a las librerías de siempre y a ese tejido cultural que da vida a la ciudad.
Además, esta edición refuerza algo que se viene viendo desde hace tiempo: la Feria del Libro de Elche ya no es solo un evento puntual, sino un punto de encuentro. Un lugar donde la gente se para, habla, recomienda y comparte lecturas sin prisas.
Hoy, la feria continúa con más actividades, más firmas y ese ambiente que invita a volver. Porque al final, más allá de los libros, lo que se respira es algo mucho más sencillo: ganas de estar, de disfrutar y de seguir leyendo.