Las Salves y la Palmera de San Ramón ponen el punto final a las Fiestas de Agosto

Hay noches que anuncian que las fiestas se acaban. No porque de repente desaparezca la música, ni porque las calles queden vacías, sino porque llega ese momento que los ilicitanos reconocemos casi sin necesidad de que nadie nos lo explique. Primero, el silencio y las voces en Santa María. Después, la pólvora. Y, finalmente, esa palmera blanca que durante unos segundos se abre sobre el cielo y parece decirnos que agosto ha llegado a su final.

Así volvió a suceder anoche, 31 de agosto de 2026, en la Basílica de Santa María. Las Salves en honor a la Mare de Déu de l’Assumpció y, a continuación, el lanzamiento de la Palmera de San Ramón pusieron el broche final a las Fiestas de Agosto y a uno de los ciclos festivos más intensos del calendario ilicitano. La programación de este año fijó las Salves a las 23:00 horas y, una vez finalizadas, el lanzamiento de la palmera desde la torre del campanario.

Unos cantos que prolongan la devoción a la Mare de Déu

Las Salves no son simplemente otro acto dentro del calendario festivo. Tienen un carácter diferente. Después de los grandes momentos de las fiestas, de la pólvora, las entradas, las procesiones, el Misteri y las celebraciones populares, Santa María recupera durante unos días un ambiente más recogido alrededor de la patrona de la ciudad.

La tradición se desarrolla vinculada a la Solemne Octava de Nuestra Señora de la Asunción. Los programas oficiales de las Fiestas de Agosto han recogido durante años que, del 16 al 22 de agosto, se celebra diariamente la Santa Misa y, al finalizar, se cantan las tradicionales Salves en la Basílica de Santa María. Así aparece documentado, por ejemplo, en los programas municipales de 2017 y 2022.

La propia Basílica de Santa María explica esta celebración como un momento de encuentro con la Virgen de la Asunción y recoge que, durante esos días, las Salves y los Gozos se cantan después de la misa. En años anteriores han participado en estos cantos miembros de la Capella y la Escolanía del Misteri d’Elx, manteniendo además ese vínculo tan especial entre la devoción a la patrona y la tradición musical ilicitana.

Y es precisamente esa continuidad la que hace que las Salves tengan un significado especial. TeleElx ya señalaba en 2019 que se trata de una tradición mantenida durante siglos, con cientos de ilicitanos acercándose a Santa María durante esos días para venerar a la Virgen.

El 31 de agosto llega la última Salve

Pero el calendario tiene todavía reservado un último encuentro.

El 31 de agosto, coincidiendo con San Ramón, la Basílica de Santa María vuelve a convertirse en escenario de una última Salve en honor a la Virgen de la Asunción. La documentación histórica sobre esta celebración recoge precisamente la existencia de esta última Salve a las 23:00 horas, después de las celebraciones de la Octava, y su conexión directa con el lanzamiento de la Palmera de fin de mes.

En 2026, la celebración volvió a estar anunciada para las 23:00 horas y corrió a cargo de la Agrupación Coral Dama de Elche. Una vez terminada, llegaría el momento que muchos esperan año tras año: mirar hacia la torre de Santa María y esperar la señal de la pólvora.

Es una transición muy ilicitana. Del canto a la pólvora. De la oración al cielo iluminado. De la intimidad de la basílica a las miradas levantadas hacia el campanario.

La Palmera de San Ramón vuelve a dibujar el cielo

Y entonces llega ella.

La Palmera de San Ramón, también conocida como Palmera de Fin de Mes, no tiene la dimensión de la gran Palmera de la Virgen, pero tampoco lo necesita. Su fuerza está precisamente en ese carácter de despedida.

Se lanza desde la torre del campanario de la Basílica de Santa María y tiene en la luz blanca una de sus características más reconocibles. Durante unos instantes, las ramas de fuego se abren sobre los tejados del centro histórico y la noche parece detenerse para contemplarla.

El nombre de Palmera de San Ramón está ligado a la fecha de su lanzamiento, el 31 de agosto, festividad de San Ramón. De ahí que también se la conozca como la palmera de fin de mes. Con el paso de los años se ha convertido en una de esas imágenes que los ilicitanos asociamos inevitablemente con el final de agosto.

No hace falta que dure mucho. De hecho, quizá parte de su encanto esté ahí. Una sola palmera, unos segundos de luz y el cielo de Elche como escenario.

El último resplandor de unas fiestas que ya forman parte de la memoria

Anoche, mientras la pólvora se abría sobre Santa María, volvieron a repetirse esas escenas que forman parte de nuestra memoria colectiva: personas mirando desde las calles, desde los puentes y desde diferentes puntos del entorno de la basílica; cámaras preparadas; móviles buscando el mejor encuadre y, durante unos instantes, todo el mundo pendiente del mismo lugar.

La Policía Local había establecido para este 31 de agosto medidas especiales de seguridad y tráfico vinculadas al lanzamiento, con el desalojo de la plaza a partir de las 22:30 horas y restricciones de acceso hacia Diagonal de Palau desde las 22:45. El lanzamiento estaba previsto a partir de las 23:00 horas desde la Basílica de Santa María.

Y después, cuando la última chispa desaparece, queda esa sensación tan difícil de explicar que tenemos los que vivimos las fiestas desde dentro.

Porque las Fiestas de Agosto no terminan solamente cuando se apaga la última música o cuando se desmonta la última barraca. Terminan cuando Santa María guarda silencio después de las Salves y la Palmera de San Ramón se apaga en el cielo.

Ahí sabemos que agosto se ha marchado.

Queda el recuerdo de todo lo vivido, las fotografías, las conversaciones, las calles todavía con el eco de las fiestas y, sobre todo, la sensación de haber vuelto a formar parte de una tradición que se repite cada año y que, precisamente por repetirse, no deja de emocionarnos.

Anoche, una vez más, la Mare de Déu, las voces de las Salves y la pólvora de la Palmera de San Ramón se encargaron de cerrar el mes de agosto en Elche.

Y hasta el próximo agosto, solo queda guardar el recuerdo.

Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas/ AFPRESS

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