Elche, durante las décadas de 1960 y 1970, vivió una auténtica fiebre por la lucha libre. En el centro de este fenómeno se encontraba una figura tan carismática como entrañable, Juan Carrillo Palazón, conocido en el ring como «Marcos», un personaje que marcó la historia popular de la ciudad.
Nacido en 1930 en Fortuna (Murcia) y fallecido en Elche el 31 de mayo de 1999, Marcos fue obrero de fábrica de profesión y luchador por pasión. Practicó la lucha libre como medio de vida complementario, ganándose el respeto del público gracias a su carisma sobre el ring. Fue alumno aventajado del mítico luchador ilicitano Antonio Llopis Sixto, apodado «El Tojo», quien influyó en su estilo combativo y en su incorporación al circuito local.
En el cuadrilátero, Marcos adoptaba el papel del villano chulesco y provocador, aunque en la vida real era conocido por su carácter tierno y amistoso. Algunos de sus gestos más celebrados incluían lanzar agua al alcalde desde el caldero, aparecer con una serpiente al cuello o tirar al oponente sobre las sillas del público. Su estampa se convirtió en una referencia del espectáculo luchístico en Elche.
El Cine Victoria, cuna de la lucha libre local
Las veladas de lucha libre más recordadas se celebraron en el Cine Victoria, en la calle Reina Victoria, donde hoy se levanta un supermercado. Este espacio funcionaba como cine y escenario deportivo, acogiendo combates al aire libre en verano y convirtiéndose en un punto de encuentro social. Allí se reunían centenares de ilicitanos para disfrutar de espectáculos protagonizados por Marcos y otras figuras locales. Hermógenes, luchador técnico y respetado por su entrega sobre el ring. Los hermanos Pizarro: Nino y Julián, campeones de España por parejas, que también compitieron a nivel internacional. El propio Antonio Llopis Sixto «El Tojo», mentor de muchos luchadores de la época.
Estos deportistas formaban parte de un elenco que hacía vibrar al público con cada combate, muchas veces compartiendo cartel con invitados nacionales e internacionales venidos desde Alicante, Madrid o Francia.
La Tribu Caníbal: leyenda y hermandad
Junto a su pasión por el ring, Marcos fundó una singular agrupación conocida como la «Tribu Caníbal», formada por amigos y compañeros de entrenamientos y aventuras. Entre ellos destacaban Manuel Capilla Yerbes y Manuel Jaén, asiduos de las reuniones que tenían lugar en una barraca junto al Pantano de Elche.
Esta peña era famosa por sus entrenamientos físicos, sus comidas comunitarias extravagantes (con platos como burro cocinado al horno o arroz con serpiente), y su estética provocadora. En realidad, la Tribu funcionaba como una extensión teatral del personaje de Marcos, reforzando su fama y su vínculo con la naturaleza y lo salvaje.
Militancia, poesía y vida sencilla
Fuera del cuadrilátero, Juan «Marcos» fue un hombre polifacético. Militante del Partido Comunista de España (PCE), pero también religioso y amante de la poesía. Vivía en un huerto frente a la comisaría de Elche, rodeado de animales (incluida su famosa cabra), flores y libros. Ese espacio de recogimiento también funcionaba como refugio para sus amigos, donde compartían comidas, debates y sueños.
Participó además en series de televisión, como «Ramón y Cajal», donde apareció como extra en una escena rodada en El Hondo.
Presente en los Pobladores de Elche
Cuando en 1979 se fundó el colectivo Pobladores de Elche, Marcos fue uno de los primeros en unirse. Lo hizo en la escuadra Los Bárbaros, junto a viejos compañeros como El Tojo, Hermógenes, Galindo o Vicente Sánchez Quiles. En los desfiles, su presencia era inconfundible: aparecía con su serpiente al cuello, encarnando el espíritu teatral, reivindicativo y festivo que marcó su vida.
Hoy, Juan «Marcos» Carrillo Palazón es recordado como mucho más que un luchador. Su legado es el de un personaje completo, entre lo épico y lo cotidiano, que contribuyó a la cultura popular ilicitana desde el deporte, la amistad, la resistencia política y la pasión por la vida sencilla.
Sus compañeros, como los Pizarro, Hermógenes, El Tojo o los miembros de la Tribu Caníbal, completan una generación irrepetible que hizo de Elche un lugar donde la lucha libre fue más que espectáculo: «fue identidad».

