Hay decisiones que no se toman a la ligera. Y la que han anunciado varios anestesistas de hospitales de la Comunidad Valenciana es una de ellas. Han decidido dejar de hacer quirófanos extraordinarios, lo que en el sector se conoce como “autoconciertos” o “peonadas”. No es un gesto simbólico. Es un aviso serio de que algo no funciona.
Profesionales de hospitales como La Ribera en Alzira, el Doctor Peset y el General de Valencia han comunicado esta decisión a sus gerencias en pleno contexto de huelga médica. El motivo, según explican, es claro: la falta de respuesta tanto de la administración autonómica como estatal a sus reivindicaciones.
Detrás de esta decisión hay un dato que lo explica todo. En 2024, los autoconciertos han supuesto el 11% de toda la actividad quirúrgica en la Comunidad Valenciana. Y si se suma la derivación de operaciones a la sanidad privada dentro de los llamados planes de choque, la cifra puede alcanzar hasta el 23%. Es decir, casi una de cada cuatro cirugías depende de mecanismos extraordinarios.
Los autoconciertos son, en teoría, una herramienta puntual: actividad voluntaria que los propios médicos realizan fuera de su jornada para reducir listas de espera. Pero en la práctica, denuncian, se han convertido en un pilar estructural del sistema. Y ahí está el problema.
La situación se agrava con el impacto de la huelga. Hasta marzo de 2026 se han suspendido alrededor de 3.000 cirugías, lo que supone cerca del 6% de la lista de espera quirúrgica estructural. Ante este escenario, la Conselleria habría planteado reactivar estas actividades extraordinarias por la tarde para compensar lo que no se hace por la mañana. Una solución que muchos profesionales consideran insostenible.
Desde la Asociación Médicos Unidos por sus Derechos (MUD) han mostrado su apoyo a los médicos que han dado este paso. Subrayan que se trata de profesionales que están renunciando a ingresos extra, en un momento en el que ya han sufrido pérdidas económicas por la huelga.
Pero el mensaje va más allá. MUD advierte del riesgo de seguir forzando un modelo basado en la sobrecarga laboral. Alertan de que la prolongación de jornadas afecta tanto a la salud de los médicos como a la seguridad de los pacientes, y recuerdan que estas actividades son voluntarias, por lo que no debería existir ningún tipo de presión para realizarlas.
La asociación también pone el foco en la falta de avances tras la reunión mantenida hace dos meses con el conseller de Sanidad, Marciano Gómez. Sobre la mesa se plantearon medidas estructurales como el refuerzo de plantillas, la mejora de condiciones laborales y salariales o una planificación sanitaria más realista. A día de hoy, aseguran, no ha habido respuesta.
Entre sus reivindicaciones destacan cuestiones clave como ajustar las plantillas para evitar jornadas desproporcionadas, la creación de un Estatuto del Médico, la equiparación del pago de las horas extra a las ordinarias o la adaptación salarial a estándares internacionales.
Mientras tanto, el conflicto sigue abierto. Y lo que está en juego no es solo una reivindicación laboral. Es, como advierten los propios profesionales, el futuro de un sistema sanitario público que cada vez depende más de soluciones extraordinarias para sostenerse.