Un simple coche puede convertirse en la puerta de entrada a los recuerdos de una ciudad entera. Eso es precisamente lo que ocurre con el SEAT 600 que protagoniza la nueva propuesta expositiva del Museo Escolar de Puçol, una muestra que utiliza este icónico vehículo para reconstruir el paisaje urbano, social e industrial de la ciudad durante la década de 1970.
La exposición, comisariada por Borja Guilló Soler, nace a partir de la donación de un SEAT 600 al museo. A partir de esa incorporación, el equipo planteó inicialmente la posibilidad de realizar una muestra centrada exclusivamente en la evolución y características técnicas del automóvil. Sin embargo, la idea terminó evolucionando hacia una propuesta mucho más amplia y emocional: contextualizar el vehículo dentro de la transformación que estaba viviendo Elche en aquellos años.
El resultado es una exposición que va mucho más allá de la nostalgia automovilística. El visitante se encuentra con una recreación parcial del paisaje urbano ilicitano de principios de los años setenta, una época marcada por profundos cambios sociales, urbanísticos y económicos que transformaron para siempre la fisonomía de la ciudad.
Según explica el propio comisariado de la muestra, situar el vehículo en un contexto rural resultaba complicado desde el punto de vista museográfico, por lo que finalmente se optó por trasladar al visitante a un escenario urbano inspirado en imágenes reales de la época.
Uno de los puntos de partida visuales fue una conocida fotografía histórica de la calle Reina Victoria en la que aparece el tráfico regulado por un policía urbano con el antiguo Simago al fondo, la primera gran superficie comercial de Elche, inaugurada en 1972. Aquella imagen sirvió como detonante para reconstruir una ciudad que comenzaba a cambiar a gran velocidad.
A partir de ahí, la exposición fue incorporando numerosos elementos que ayudan a entender cómo evolucionó Elche durante aquellos años. El crecimiento de nuevos barrios, la modernización urbana, la expansión de la industria del calzado o incluso la desaparición de algunos huertos tradicionales forman parte del discurso visual de la muestra.
Uno de los aspectos más llamativos del montaje es precisamente el enorme peso que tiene la memoria industrial ilicitana. Las paredes y fachadas recreadas incorporan materiales vinculados directamente al sector del calzado, en un guiño evidente a aquella época en la que buena parte de los edificios de la ciudad convivían diariamente con pequeños talleres y maquinaria de producción.
La exposición busca incluso despertar recuerdos sensoriales de aquel tiempo. El sonido de las máquinas de coser funcionando hasta altas horas de la noche o el olor a cola en muchos portales forman parte de esa memoria colectiva que marcó durante décadas la vida cotidiana de miles de familias ilicitanas.
El recorrido incorpora además hormas de calzado y distintos elementos en color amarillo que simbolizan el tránsito constante de personas por la ciudad y la huella que dejaron en espacios y objetos cotidianos. La muestra juega así con pequeños detalles visuales como marcas de manos, cartas o cableado telefónico para reforzar la idea de movimiento, crecimiento e interacción urbana.
También han contribuido a completar la ambientación diversos elementos cedidos por el Ayuntamiento de Elche, entre ellos una señal de velocidad y una farola urbana que ayudan a reforzar la recreación de las calles de aquella época.
El montaje se completa con aceras reconstruidas, cableado y pintadas reivindicativas que reflejan igualmente el clima social y ciudadano de aquellos años de transformación.
La exposición vuelve a demostrar la capacidad del Museo Escolar de Puçol para convertir objetos cotidianos en auténticos relatos sobre la historia reciente de Elche. Más allá del valor del SEAT 600 como icono popular de toda una generación, la muestra funciona también como un recorrido emocional por una ciudad que en los años setenta comenzaba a convertirse en la gran urbe industrial y comercial que conocemos hoy.
La propuesta permite además acercar a nuevas generaciones una parte fundamental de la memoria colectiva ilicitana, ayudando a comprender cómo cambiaron los barrios, las calles y la vida diaria en una década decisiva para la evolución de Elche.