De empresario humilde del calzado ilicitano a protagonista de un escándalo internacional su familia siempre defendió su inocencia
Victoriano Molina Chacón era un industrial zapatero de origen humilde que terminó en el centro de un escándalo internacional. Nacido en Elda y establecido en Elche, en 1985 la prensa española anunció que “Victoriano Molina Chacón, fabricante de zapatos de Elche (Alicante), ha sido detenido en el archipiélago americano de Bermuda bajo la acusación de haber introducido en Estados Unidos unos 80 kilos de heroína”. Este empresario del calzado ilicitano, casado y padre de cuatro hijos, dirigía una modesta fábrica local y varias pequeñas sociedades exportadoras de zapatos. En Elche era conocido por su fábrica Calzados EME, S.L., que cerró en agosto de 1984 con 30 empleados, acumulando deudas con la Seguridad Social.
Tras aquel cierre, creó otra empresa, D’Molina, S.L., también de calzado, aunque según inspecciones laborales de Alicante incluso no constaba dada de alta en la Seguridad Social. Además, poseía Calzados M, S.L. (en la calle Maximiliano Thous), con alrededor de 20 trabajadores, y participaba como socio en otras agencias exportadoras de zapatos, principalmente con destino a Estados Unidos e Italia. La familia Molina Chacón, que vive en un chalet modesto en la partida de La Peña de las Águilas, siempre destacó que eran “de nivel económico medio, normal” y jamás habían acumulado fortunas extraordinarias.
La investigación posterior reveló que Molina Chacón se asoció en 1981 con socios italo-estadounidenses para montar un negocio internacional de calzado que era, en realidad, la tapadera de un entramado narcotraficante. Documentos del caso en EE.UU. describen cómo desde ese año formaron una sociedad multinacional de zapatos cuyo negocio real era el tráfico de heroína de Sicilia a Estados Unidos. En enero de 1983, una inspección policial italiana interceptó 160 cajas de zapatos desde Sicilia hacia Nueva York; dentro de ellas se encontraron 80 kilos de heroína pura (medio kilo oculto en cada caja) valorados en más de 130 millones de dólares en EEUU. Al conocerse el alijo, Molina Chacón abandonó inmediatamente Estados Unidos y regresó a España con su familia, dejando en Nueva York a su empleado Rudolfo Risatti al frente del negocio de zapatos. La prensa llegó a llamar a esta red narco “Zapatos Connection”, reconociendo su alcance italo-estadounidense.
Mientras tanto, la policía italiana y estadounidense sospechaban desde hacía tiempo de los movimientos de Molina. Se le vinculaba con viajes frecuentes a Suiza e investigaciones sobre el comercio de drogas en Italia. En 1984, la DEA logró infiltrar la red usando a Melania López, pareja neoyorquina de Molina. Los agentes encubiertos concertaron una cita con él en España, donde Molina presumió de sus contactos “de base siciliana” y de operativos en los que “su organización importaba ochenta kilos de heroína cada quince días”. En esas conversaciones también mencionó la existencia de laboratorios y almacenes de droga en las colinas de Sicilia, confirmando así la sospecha de una estrecha vinculación con la Mafía Siciliana.
En marzo de 1985 la DEA tendió la trampa definitiva en Bermudas. Molina Chacón, que había viajado con pasaje previsto a Londres, fue engañado para desembarcar en la capital bermudeña a hablar con supuestos compradores de droga. Allí fue detenido el 3 de marzo por agentes antidroga, sin ofrecer resistencia. Las autoridades estadounidenses lo acusaron formalmente de “conspirar para introducir en Estados Unidos 80 kilos de heroína”, señalando que su empresa de calzado había servido para traficar la droga camuflada en exportaciones. Cumpliendo la petición de las autoridades de EE.UU., Molina Chacón fue extraditado voluntariamente a Nueva York. En la penúltima semana de marzo compareció ante un tribunal de Brooklyn, donde su abogado español José Díaz Saura informó que no pudo pagar fianza por falta de procesamiento formal. Mientras tanto, una de sus hijas, Rosario, viajó a Estados Unidos para acompañarlo en esos duros momentos.
El caso desembocó en un largo proceso judicial en Estados Unidos. En febrero de 1986 comenzó el juicio contra Molina Chacón y sus cómplices, entre ellos sus asociados en Nueva York. Un jurado federal encontró a Molina culpable de conspiración para importar heroína y otros delitos financieros.

Tras la condena, diversos medios señalaron que el industrial ilicitano cumplió una larga pena en cárceles estadounidenses; por ejemplo, en 1991 se informaba que ya había sido sentenciado a 25 años de prisión por tráfico de drogas. Sus abogados llegaron a solicitar entonces la ayuda del Gobierno español para gestionar su extradición y que pudiera cumplir el resto de la condena en España. Además de la sentencia en EE.UU., en mayo de 1986 otro tribunal en Florencia lo condenó a 28 años de cárcel por el mismo delito de tráfico de estupefacientes, confirmando internacionalmente que había actuado junto a mafiosos italianos.
La familia de Molina Chacón siempre defendió su inocencia y denunció irregularidades. Tras el arresto, su abogado proclamó públicamente que Victoriano “no tiene nada que ver con el delito” y argumentó que pudo haber sido víctima de una encerrona: en principio él iba de viaje comercial a Londres, no a Bermudas. Insistieron en que la empresa de calzado familiar “nunca ha servido de tapadera” para ninguna otra actividad. El portavoz legal y las propias hijas se mostraron desconcertados: la menor, Encarna, declaró que la familia no era rica ni poderosa, sino gente de “nivel económico medio” que jamás habría imaginado una acusación tan grave.
En Elche, su detención causó sensación, aunque Molina Chacón no era precisamente una figura influyente en el sector. Tras el cierre de su fábrica, había abandonado en 1984 la Asociación de Industriales del Calzado, y muchos industriales recordaban haberle visto poco. Algunas voces locales matizaron el caso: el gerente de la Feria del Calzado de Elda (FICIA) afirmó que anécdotas anteriores habían asociado el calzado al narcotráfico sin dañar las exportaciones, por lo que consideraba este suceso como algo aislado. Sin embargo, la impresión familiar quedó grabada en la memoria de amigos y vecinos: en Elche muchos solo lo conocían como un hombre humilde del barrio de La Peña, de modesta empresa zapatera, y no acababan de creer que estuviera implicado con la mafia italiana en tráfico de drogas.
La trama de Victoriano Molina Chacón une a veces realidad y rumor. Desde los archivos judiciales y la prensa de los años 80 se desprende que su negocio de calzado sirvió de fachada para el envío de toneladas de droga, en conexión con mafiosos sicilianos. Pero su historia también es la de un padre de familia sorprendido por acusaciones sin precedentes, cuya familia insiste en su inocencia y denuncia una posible “trampa” internacional. El caso quedó marcado en la memoria local como un episodio extraordinario que vinculó por primera vez a un industrial del calzado de Elche con la mafia italiana del narcotráfico.
Fotos.: José Félix Abad
Foto.: Fabrica D’Molina, S.L – OpenAi
