La intervención de El Gran Wyoming en laSexta Xplica dejó algo más que titulares: una radiografía incómoda de la política española, donde la corrupción, la memoria selectiva y el concepto de patriotismo vuelven a entrelazarse.
En una entrevista con el periodista José Yélamo, el presentador abordó el caso Koldo con una claridad poco habitual en el debate público. Lejos de relativizarlo, lo definió como “corrupción clásica y cutre”, basada en el intercambio directo de dinero por adjudicaciones. Un diagnóstico que no deja espacio a interpretaciones: para Wyoming, se trata de un caso que debe ser tratado con toda la contundencia judicial.
Pero el foco de su análisis no se quedó en los hechos, sino en las reacciones. Y ahí introdujo el elemento más incisivo de su discurso: la comparación con la operación Kitchen. Según señaló, mientras en el caso vinculado al entorno de José Luis Ábalos no ha visto a ningún partido salir en su defensa, en Kitchen sí se produjo un cierre de filas político. Una diferencia que, más allá de las siglas, apunta a un problema estructural: la coherencia en la respuesta ante la corrupción.
Wyoming fue más allá al tirar de memoria política. Recordó cómo, en el estallido del caso Gürtel durante la etapa de Mariano Rajoy, el Partido Popular defendió que no se trataba de un caso del partido, sino de un ataque contra él. Una narrativa que, según subrayó, no encontró en su momento el cuestionamiento que cabría esperar. En ese contexto, mencionó también la figura del juez Baltasar Garzón, a quien señaló como “la primera víctima” de aquel proceso, recordando su salida de la carrera judicial.
El análisis dio un giro hacia la política internacional, pero con consecuencias directas en el debate nacional. Wyoming criticó la falta de posicionamiento del Partido Popular y Vox frente a Donald Trump, especialmente en cuestiones económicas que pueden afectar a España. En ese punto lanzó una de las frases más comentadas de la noche: “Llevas 14 banderas, usa una”, en referencia a quienes exhiben simbología nacional pero, a su juicio, no ejercen un patriotismo efectivo cuando los intereses del país están en juego.
Su crítica fue aún más directa al definir una actitud histórica de la derecha: “valiente con el indefenso y sumisa con el poderoso”. Una afirmación que, más allá de su carga ideológica, conecta con una percepción cada vez más extendida en parte de la opinión pública.
El cierre de su intervención deja una idea que trasciende nombres y casos concretos: la credibilidad política no depende solo de cómo se actúa ante la corrupción, sino de la consistencia con la que se hace. Y en ese terreno, según Wyoming, España sigue moviéndose entre la indignación selectiva y el silencio estratégico.
En un escenario de creciente desgaste institucional, ese doble rasero no solo alimenta la desconfianza, sino que consolida la sensación de que, en política, las reglas no siempre son las mismas para todos.
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Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas
