Los pensionistas vuelven a pagar el precio del choque político en el Congreso

bloqueo político y pensiones

Los pensionistas atrapados otra vez entre bloques políticos enfrentados

El pulso entre partidos vuelve a trasladarse al bolsillo de los pensionistas

Hay momentos en los que la política deja de ser un debate lejano y se convierte en algo muy concreto. Algo que se toca. Que se nota. Que duele. Sucede cuando las decisiones que se toman en el Congreso acaban reflejándose en el extracto del banco, en la lista de la compra o en las cuentas de final de mes. Eso es lo que ha pasado con los cerca de 50 euros de más que muchos pensionistas cobraron en enero y que en febrero han desaparecido sin una explicación que resulte comprensible para quien lo sufre.

No nos parece bien. Y no deberíamos acostumbrarnos a que esto pase.

Durante el mes de enero, miles de pensionistas vieron cómo su prestación se actualizaba conforme a la revalorización aprobada por el Gobierno en función del IPC. No era ningún privilegio ni una concesión extraordinaria. Era una medida destinada a proteger el poder adquisitivo de quienes llevan toda una vida trabajando y dependen de su pensión para mantener una mínima estabilidad económica.

Pero febrero trae otra realidad. El dinero ya no está. Y, una vez más, la explicación apunta al enfrentamiento político, a los vetos cruzados y al rechazo en el Congreso de una norma que incluía esa revalorización. El resultado es sencillo y devastador a la vez: menos dinero en el bolsillo de quienes menos margen tienen.

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Desde nuestro punto de vista, lo sucedido no puede reducirse a un problema técnico o a una discusión sobre procedimientos. Estamos convencidos de que el argumento del llamado “decreto ómnibus” se ha utilizado como una excusa más. Una forma de no reconocer una estrategia política que se repite de manera sistemática: el Partido Popular vota en contra de cualquier propuesta del PSOE, venga de donde venga y beneficie a quien beneficie.

No es una impresión pasajera ni un enfado puntual. Es la constatación de una dinámica que se repite una y otra vez. Da igual el contenido de la medida o su impacto social. Si la iniciativa parte del PSOE, el rechazo parece garantizado. Después llegan los comunicados, las explicaciones públicas y las justificaciones, pero el daño ya está hecho.

Y mientras tanto, los pensionistas pagan el precio.

Porque las excusas no pagan la compra.
Las excusas no llenan la nevera.
Y las excusas no explican por qué una pensión baja 50 euros de un mes para otro.

Lo más preocupante es que las personas mayores vuelven a quedar atrapadas en medio de una batalla política que poco tiene que ver con su día a día. Se convierten, una vez más, en rehenes de una estrategia que antepone el desgaste del adversario al bienestar de la ciudadanía.

No estamos hablando de números abstractos ni de debates parlamentarios complejos. Estamos hablando de personas que ajustan cada euro, que ayudan a sus hijos y nietos cuando pueden, que afrontan subidas de precios y que no entienden cómo algo que se les reconoció en enero desaparece en febrero sin una explicación clara y honesta.

Por eso decimos que no nos parece nada bien.
Por eso decimos que no vale esconderse detrás de tecnicismos.
Y por eso estamos convencidos de que todo lo que se diga para justificar este voto en contra no son más que excusas.

La política debería servir para mejorar la vida de la gente, no para utilizarla como un campo de batalla permanente. Y cuando las consecuencias se miden en euros que faltan a final de mes, el silencio y la ambigüedad dejan de ser una opción aceptable.

Paco Ciclón
Solo un humano cualquiera: Paco Ciclón / AFPRESS

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