Hoy he vuelto a sentir lo que es la Fiesta de San Antón en Elche. Desde bien temprano el repique de campanas ya avisaba de que el santo salía a la calle. He acompañado la procesión por el barrio y me ha encantado ver cómo la imagen avanzaba a hombros de los costaleros, con ese vaivén que parece darle vida.
Las calles estaban llenas de vecinos, balcones con pañuelos, gente mayor emocionada y muchos niños aprendiendo lo que es esta tradición. A cada paso se escuchaban los “¡Viva San Antón!”, de esos que salen solos.
Cuando la imagen ha llegado de nuevo a la puerta de la parroquia ha comenzado la bendición de los animales, uno de los momentos más bonitos del día. He visto pasar de todo: perros nerviosos, gatos curiosos, algún conejo y hasta pajarillos en sus jaulas. El párroco los iba bendiciendo uno a uno y los dueños recibían el rosco de pan bendecido, como manda la costumbre.
Después me he acercado a la zona de acampadas y hogueras, que para mí es el corazón de la fiesta. Allí me he unido a una de las hogueras más familiares y he conocido a Rafael. Me ha contado la historia de su famosa botella de vermut, enorme, de varios litros, que lleva décadas viniendo a San Antón. Durante años estuvo cerrada, como un tesoro, hasta que nació su hijo: ese día la abrieron para celebrarlo y se la bebieron entera. Desde entonces la botella sigue acompañándolo cada fiesta, ahora casi siempre rellena de vino, y ya es parte de la cuadrilla. Me ha parecido una historia preciosa, de las que explican lo que significa de verdad esta tradición.
En esa misma hoguera, José Vicente y su gente estaban preparando una paella gigantesca, de muchos kilos de arroz, carne y todo lo que hace falta para que salga con ese sabor de leña que no se olvida. Al lado, otra hoguera más pequeña no paraba de sacar calçots que volaban de las manos. Nadie ha podido decir que no.
También han estado con nosotros un gran números de sanitarios de la DYA, que por la mañana habían sido voluntarios en la Media Maratón de Santa Pola. Después de un día intenso han compartido mesa, risas y plato de paella como uno más.
Me he ido a casa con la sensación de haber vivido un San Antón auténtico: fe, barrio, amigos y esas pequeñas historias —como la botella de Rafael— que hacen grande a Elche.
Paco Ciclón
Vecino de Elche y testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS
