La memoria del pasado que permanece en monumentos y nombres de calles aún por revisar

Cruz de La Discordia

Las huellas del pasado que siguen presentes en monumentos y calles de nuestra ciudad pendientes de revisión

Cuando camino por Elche —y miro con atención— siento que parte de nuestra ciudad lleva consigo heridas que no han sido cicatrizadas del todo. No me refiero solo a lo físico, sino al pasado simbólico. Esa cruz que se alza en el Paseo de Germanías, ese nombre de “Jardín de la Concordia” que hoy bordea sus caminos… todo me empuja a preguntarme: ¿cuántos fantasmas franquistas siguen entre nosotros?

Desde hace décadas, la Cruz de los Caídos, inaugurada en 1944, recuerda explícitamente a quienes “sufrieron martirio y muerte por España y por la religión”. En su día, con autoridades civiles, militares y falangistas, se erigió para honrar a los caídos del bando franquista.  Recuerdo que en los periódicos de la época se habla incluso de cánticos del “Cara al Sol” en su inauguración.

Hoy, esa cruz sigue en pie. Y eso que su retirada ha sido solicitada por el Defensor del Pueblo, que considera su presencia incompatible con la memoria democrática.  Sin embargo, el Ayuntamiento, gobernado por PP y Vox, ha defendido su continuidad. Lo hace bajo un mensaje de reconciliación: dicen que ya no es un símbolo de odio, sino un “símbolo de encuentro”, parte de un “Jardín de la Concordia”.

Es un giro interesante en la historia, pero no ha convencido a todos. Muchas personas sienten que ese intento de resignificación es una forma de blanquear un pasado doloroso. Y no es una queja menor: el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana dictaminó en 2025 que la cruz ya no tiene connotaciones franquistas, argumentando que ha sido resignificada. Para algunos, esa sentencia representa una victoria; para otros, una paradoja: mantienes el símbolo, cambias su nombre, y dices que “ahora es para todos”.

símbolos franquistas Elche

Pero la cruz no es el único vestigio franquista en Elche. En el barrio de Carrús, hay 123 calles cuyos nombres están catalogados como herencia de la dictadura. Piensa en eso: un barrio entero con nomenclatura que para muchas personas representa un pasado autoritario. Algunos partidos, como Podemos, han pedido que esos nombres se eliminen, señalando que es una cuestión de justicia democrática. Pero la respuesta municipal ha sido contundente: cambiar esos nombres supondría un “trastorno social, económico y postal”.

Y no es solo un problema de política o leyes: es de identidad local. Cuando preguntas a vecinos, algunos se sienten señalados, heridos; otros temen el caos administrativo que conllevaría un cambio masivo de callejero.

Además, no podemos olvidar las placas de viviendas. La Conselleria Valenciana incluyó en su catálogo vestigios franquistas algunas placas en bloques de vivienda con el símbolo del yugo y las flechas. Es decir: no hace tanto que muchos edificios en Elche conservan inscripciones que remiten a la dictadura. Su eliminación muchas veces depende de las comunidades de vecinos, lo que complica aún más el asunto.

Cuando todo esto se pone junto, el cuadro de Elche no es solo arquitectónico; es simbólico. Esa cruz en medio de un espacio que ahora llaman “Jardín de la Concordia” se ha convertido para muchos en una cruz de la discordia, porque su origen no desaparece con el nombre. No es solo cuestión de urbanismo, sino de memoria, de reconciliación de verdad o de apariencia.

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Esta es nuestra ciudad, nuestra historia. No podemos resignarnos a que la memoria se doblegue sin reflexión.

Raúl Velarde

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