La campaña de los orines de perros acaba retirada tras la presión vecinal y el Ayuntamiento admite su error

Hay ocasiones en las que una campaña institucional nace con la intención de resolver un problema y termina generando otro mucho mayor. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Elche con la campaña municipal sobre los orines de perros. Lo que comenzó como una iniciativa para fomentar la limpieza viaria ha acabado convirtiéndose en uno de los asuntos más comentados de las últimas semanas y ha obligado al equipo de gobierno a rectificar públicamente.

El Ayuntamiento de Elche ha comenzado a retirar la cartelería instalada en distintos barrios de la ciudad después de que la campaña provocara un amplio rechazo entre numerosos propietarios de mascotas. La decisión llega tras una recogida de firmas que ha superado las 2.500 adhesiones y después del intenso debate político y social que ha generado la iniciativa.

La campaña fue presentada a finales de junio por el Ayuntamiento junto a la empresa concesionaria del servicio de limpieza, UTE Elche. Su objetivo era recordar que la Ordenanza Municipal de Limpieza prohíbe que los perros orinen sobre aceras, fachadas, mobiliario urbano, parterres o zonas ajardinadas, indicando que debían hacerlo en la calzada y que posteriormente los propietarios debían limpiar la orina con agua jabonosa. Además, se advertía de sanciones que pueden alcanzar los 750 euros en caso de incumplimiento.

Desde el primer momento, muchos dueños de perros consideraron que el mensaje trasladado era excesivamente coercitivo y que ponía el foco en las multas antes que en la concienciación. Esa percepción alimentó una campaña de recogida de firmas en la plataforma Change.org que fue creciendo rápidamente hasta superar las 2.500 rúbricas. Los promotores reclamaban revisar la campaña y estudiar alternativas que conciliaran la limpieza urbana con el bienestar animal.

La controversia llegó este lunes al Pleno municipal mediante una moción presentada por Compromís. Durante el debate, el concejal de Espacios Públicos, Claudio Guilabert, reconoció que la forma de trasladar el mensaje «no ha salido bien», pidió disculpas y anunció la retirada inmediata de la campaña, una decisión adoptada con la autorización del alcalde, Pablo Ruz. En los días posteriores ya se ha podido comprobar cómo parte de la cartelería ha desaparecido de diferentes puntos de la ciudad.

La rectificación fue recibida de forma positiva por los grupos de la oposición, aunque tanto PSOE como Compromís insistieron en que el debate no debería terminar únicamente con la retirada de los carteles. Ambas formaciones defendieron la necesidad de impulsar campañas de sensibilización más pedagógicas y de reforzar las infraestructuras destinadas a las mascotas, con más parques caninos y otras soluciones como espacios específicos para que los animales puedan realizar sus necesidades. También solicitaron revisar la normativa municipal para adaptarla a la legislación vigente sobre bienestar animal.

Por su parte, el gobierno municipal mantiene que la ordenanza no ha cambiado y recuerda que la normativa ya contemplaba estas obligaciones antes de la campaña. El alcalde ha manifestado en días anteriores que no se plantea modificar el texto de la ordenanza, aunque finalmente sí se ha decidido retirar una campaña que había generado una contestación ciudadana mucho mayor de la prevista.

Más allá del debate político, este episodio deja una reflexión interesante. La limpieza de las calles preocupa a buena parte de la ciudadanía y también lo hace el respeto a quienes conviven con animales de compañía. Quizá el mayor aprendizaje sea que los mensajes institucionales resultan mucho más eficaces cuando logran implicar a los vecinos desde la pedagogía y la colaboración, en lugar de centrar la atención en las sanciones. En este caso, la presión ciudadana ha provocado una rectificación poco habitual: el Ayuntamiento ha reconocido el error en la comunicación y ha retirado una campaña que había terminado convirtiéndose en protagonista del debate público en Elche.

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