La madrugada del 14 de agosto volvió a tener un protagonista indiscutible en las Fiestas de Agosto: la pólvora. Tras la Nit de l’Albà, el fuego abandonó el cielo para acercarse al suelo en el recinto habilitado para la Carretillà en el aparcamiento del Hort del Monjo.
Durante más de dos horas, entre las 00:15 y las 02:30 horas, los participantes llenaron el recinto de chispas, humo y carreras en una de las celebraciones más particulares de las fiestas ilicitanas.
La escena que dejan las fotografías de esta edición resulta especialmente llamativa. A medida que avanzaba la noche, el humo fue ganando terreno y las figuras de los carretilleros comenzaron a aparecer y desaparecer entre las nubes iluminadas por la pólvora.
Por momentos, apenas podían distinguirse las personas. Solo quedaban sus siluetas recortadas contra el resplandor de las carretillas y las pequeñas explosiones que cruzaban el recinto.
Fuego a ras de suelo
A diferencia de la Nit de l’Albà, donde el espectáculo se contempla principalmente mirando hacia el cielo, en la Carretillà el fuego se vive a ras de suelo.
Las carretillas dejan estelas de chispas mientras los participantes recorren el espacio acotado. El sonido, el humo y la luz se mezclan en cuestión de segundos y convierten el recinto en un escenario cambiante.
Una de las imágenes de esta noche muestra a un carretillero sosteniendo dos elementos pirotécnicos mientras las chispas se abren sobre él. Al fondo, otros participantes avanzan entre el humo.
En otra, la intensidad de la pólvora hace que prácticamente todo el espacio aparezca teñido de naranja, mientras las siluetas de los participantes se recortan contra el resplandor.
Son fotografías que permiten apreciar una de las características más reconocibles de la Carretillà: la dificultad para distinguir dónde termina el humo y dónde comienza el espectáculo de luz.
Una tradición con preparación y normas
La Carretillà no es una actividad improvisada. La edición de 2026 se desarrolló en un recinto específicamente acotado en el aparcamiento del Hort del Monjo y contó con la organización del Ayuntamiento de Elche y la Asociación de Carretilleros de Elche.
Para poder participar activamente era necesario haber realizado previamente el curso de carretillero. Durante el mes de julio se programaron tres sesiones formativas en el Centro Social Francesc Cantó como preparación para la participación en el acto.
La organización y las medidas de seguridad forman así parte de una celebración que mantiene su carácter festivo y tradicional, pero que se desarrolla bajo unas condiciones establecidas para controlar el espacio y la participación.
Cuando el humo se convierte en paisaje
Uno de los aspectos que mejor reflejan las imágenes de esta edición es la transformación del recinto a medida que avanza la noche.
Al principio pueden distinguirse con claridad los participantes, las vallas y el espacio preparado para la celebración. Poco después, el humo empieza a cubrirlo todo.
Las luces de las carretillas atraviesan entonces la oscuridad y crean un paisaje completamente diferente.
Las personas se convierten en siluetas.
Las chispas dibujan líneas en el aire.
El suelo se llena de pequeños puntos de luz.
Y el humo termina formando parte inseparable de la escena.
Es precisamente ese ambiente el que hace que la Carretillà tenga una personalidad propia dentro de las Fiestas de Agosto.
El Hort del Monjo vuelve a ser escenario de la pólvora
La celebración llegó después de una Nit de l’Albà especialmente intensa. Según el balance conocido tras la noche del 13 de agosto, en la Nit de l’Albà se utilizaron alrededor de 9,6 toneladas de pólvora entre el espectáculo oficial y la participación de particulares.
Con la llegada de la madrugada, el centro de atención pirotécnica se trasladó al Hort del Monjo.
Allí, la pólvora adquirió otra dimensión.
Ya no eran las grandes palmeras visibles desde distintos puntos de la ciudad, sino pequeñas explosiones, trayectorias de chispas y fuego a pocos metros de los participantes.
El resultado fue una madrugada marcada por el humo, el ruido y la luz, con decenas de personas participando en una tradición que vuelve a ocupar un lugar destacado dentro del calendario festivo.
Las fotografías de esta edición permiten conservar precisamente esa parte de la Carretillà que muchas veces resulta difícil explicar con palabras: el ambiente, las siluetas, la intensidad de las chispas y esa mezcla de oscuridad y fuego que durante unas horas transforma por completo el Hort del Monjo.
Una noche de pólvora que, después de la Nit de l’Albà, volvió a demostrar que las Fiestas de Agosto tienen muchas formas diferentes de vivir y entender la tradición.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS
