Una concentración por Ceuta que debería ser de todos y no convertirse en patrimonio de la derecha

Hay convocatorias que, por el motivo que las origina, deberían estar por encima de las diferencias políticas. Mostrar solidaridad con Ceuta y con sus ciudadanos en un momento especialmente complicado es, sin duda, una de ellas. Pero precisamente por tratarse de una iniciativa institucional creo que también tenemos derecho a preguntarnos cómo acabará siendo la concentración convocada para el próximo 2 de septiembre en la Plaza de Baix.

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha convocado concentraciones a las 20:00 horas del 2 de septiembre, coincidiendo con el Día de Ceuta, para expresar el apoyo de los ayuntamientos españoles a la ciudad autónoma. En Elche, el Ayuntamiento se ha sumado a la convocatoria y PP y Vox han anunciado también su adhesión.

Hasta aquí, nada que objetar. Ceuta merece solidaridad y sus ciudadanos necesitan respuestas ante una situación que ha puesto a prueba sus servicios públicos.

Pero hay una pregunta que considero legítima: ¿corre esta concentración el riesgo de acabar siendo capitalizada políticamente por la derecha y la extrema derecha?

No estoy afirmando que vaya a ocurrir. Sería aventurado hacerlo antes de que se celebre. Pero la pregunta existe porque PP y Vox han anunciado su participación y porque el Grupo Socialista de la FEMP ha cuestionado públicamente que la iniciativa se haya impulsado sin consenso dentro de la propia Federación, acusando al PP de utilizarla políticamente. Son acusaciones del PSOE y deben entenderse como tales.

Y hay otro elemento que, en mi opinión, no deberíamos olvidar. El alcalde de Elche, Pablo Ruz, ya manifestó públicamente en 2025 su oposición a que menores migrantes no acompañados fueran acogidos en nuestra ciudad y afirmó que, mientras él fuera alcalde, «no van a venir a Elche».

Por eso creo que habrá que mirar más allá del cartel oficial de la convocatoria. Habrá que observar los mensajes, las pancartas, las consignas y los símbolos que aparezcan en la Plaza de Baix.

Solidaridad con Ceuta, sí; instrumentalización política, no

Podemos defender unas fronteras seguras y una política migratoria ordenada sin convertir a los menores migrantes en el enemigo.

Podemos solidarizarnos con los vecinos de Ceuta y, al mismo tiempo, reclamar que los menores que han llegado solos reciban la protección que les corresponde.

Las dos cosas no son incompatibles.

Precisamente por eso me pregunto si la concentración será realmente un acto transversal de solidaridad o si terminará convirtiéndose en una movilización política alrededor de la inmigración y la acogida de menores.

No sería justo atribuir intenciones a quienes participen. Pero tampoco sería razonable ignorar ese riesgo.

¿Y qué ocurrirá con las banderas?

Hay otra cuestión que personalmente me preocupa.

España tiene una bandera constitucional y tiene también una historia que debemos conocer. Pero no todo símbolo histórico puede presentarse como una simple cuestión de identidad nacional cuando su utilización implica exaltación de una dictadura.

La Ley de Memoria Democrática establece medidas frente a símbolos y elementos que supongan exaltación de la sublevación militar y de la dictadura franquista.

Si aparecen enseñas franquistas o símbolos inequívocamente vinculados a la dictadura, no deberían normalizarse bajo el argumento de que se trata simplemente de «banderas españolas». Una cosa es defender España y otra reivindicar una etapa de la historia española incompatible con el actual marco constitucional.

No afirmo que vaya a suceder. No sabemos todavía qué símbolos aparecerán.

Pero sí creo que, si ocurre, las instituciones no deberían mirar hacia otro lado.

El 2 de septiembre hablarán los hechos

La Plaza de Baix será el escenario donde podremos comprobar qué carácter acaba teniendo realmente esta convocatoria.

Ojalá sea un acto transversal, de solidaridad con Ceuta y con sus ciudadanos, y no una plataforma para alimentar la confrontación política.

El próximo 2 de septiembre habrá que estar allí, mirar y escuchar.

Porque una cosa es lo que dice una convocatoria institucional y otra lo que finalmente sucede en la calle.

Y serán los hechos, no las etiquetas, los que nos permitirán saber si estamos ante una concentración de todos los ilicitanos o ante una movilización que alguien ha conseguido hacer suya.

 

 

 

 

Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS

 

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