Elche volvió a vivir ayer un Viernes Santo de esos que se sienten de verdad. Desde primeras horas del día, con los oficios del Triduo Pascual en parroquias y en la Basílica de Santa María, ya se respiraba ese ambiente especial que solo se da en una jornada marcada por la Pasión y Muerte de Nuestro Señor.
Pero fue al caer la tarde cuando la ciudad empezó a transformarse. A las 17:45 horas, la Procesión General de Cofradías y Hermandades tomó las calles, llenando el centro histórico de imágenes, pasos y devoción. El recorrido, por enclaves tan reconocibles como la Plaça del Congrés Eucarístic, la Corredora o la Plaça de Baix, volvió a dejar estampas únicas.
Cada cofradía, cada paso, avanzaba con su propio ritmo, pero todos compartían lo mismo: el respeto del público y ese silencio que, por momentos, lo envolvía todo.
Y entonces llegó uno de los instantes más esperados.
A la llegada de la Virgen de los Dolores a la Plaça de Baix, se vivió la tradicional Trencà del Guió. Un momento cargado de simbolismo que, año tras año, consigue emocionar incluso a quienes lo han visto muchas veces. El gesto, preciso y solemne, marcó ese punto de máxima intensidad de la noche.
Después, la procesión continuó su recorrido hasta regresar a la Basílica de Santa María, cerrando una jornada larga, intensa y profundamente arraigada en la ciudad.
Elche volvió a responder. Con respeto, con participación y con esa forma tan suya de vivir la Semana Santa desde dentro.
Alberto Carrillo / AFPRESS