La falta de marquesinas, bancos y protección frente al sol y la lluvia en numerosas paradas de las zonas alejadas del centro vuelve a poner sobre la mesa una pregunta sencilla ¿Por qué hay vecinos que tienen que esperar el autobús en condiciones que difícilmente aceptaríamos en otros lugares de la ciudad?
Hace unos días recibí un mensaje de una persona que me trasladaba una queja sobre las paradas de autobús de la zona de Vía Parque. Su comentario era tan sencillo como contundente: si llueve, te mojas; si hace un calor insoportable, te torras al sol y, mientras esperas, ni siquiera tienes dónde sentarte.
Terminaba su mensaje reclamando algo que, sinceramente, me parece de lo más razonable: un poco de dignidad mientras se espera el autobús.
Y quiero detenerme en esa palabra, dignidad, porque creo que resume bastante bien el problema.
No estamos hablando únicamente de unas marquesinas que faltan en Vía Parque. Es una situación que he podido comprobar personalmente en otros muchos puntos del municipio. La veo con frecuencia en mi propio entorno, en Carrús, en la zona de Camino de la Rápita, en Peña de las Águilas y en otros lugares alejados del centro urbano.
Hay paradas en las que los usuarios tienen que esperar prácticamente a la intemperie, sin una cubierta que les proteja de la lluvia, sin un banco donde descansar y sin una mínima protección frente a las largas horas de sol que soportamos en esta tierra durante buena parte del año.
Y uno se pregunta cómo es posible que algo tan básico siga sin resolverse en tantos lugares.
Porque conviene recordar una cosa: quienes utilizan el autobús no son solamente personas jóvenes que pueden permanecer de pie durante veinte minutos sin demasiadas dificultades. También hay personas mayores, vecinos con problemas de movilidad, trabajadores que comienzan o terminan su jornada, estudiantes y ciudadanos que sencillamente necesitan el transporte público para desplazarse.
Para una persona mayor, permanecer de pie bajo el sol esperando un autobús puede convertirse en algo mucho más que una simple incomodidad. Para alguien con dificultades para caminar, no disponer de un asiento supone una dificultad añadida. Y para cualquier vecino que espere bajo la lluvia, no tener dónde resguardarse es una situación que debería evitarse cuando hablamos de un servicio público.
El transporte público no empieza cuando llega el autobús
Parece que cuando hablamos de mejorar el transporte público pensamos casi exclusivamente en las líneas, los horarios, los recorridos o la renovación de los vehículos. Todo eso es importante, por supuesto, pero hay algo que a veces se olvida: el servicio también empieza en el lugar donde el ciudadano tiene que esperar.
Podemos hablar de autobuses modernos, de movilidad sostenible, de reducir el uso del vehículo privado y de conectar mejor los distintos barrios y pedanías. Pero si después una persona tiene que esperar en una parada sin cubierta, sin asiento y expuesta directamente a las inclemencias del tiempo, estamos dejando una parte importante del trabajo sin hacer.
Una marquesina no es un lujo. Un banco tampoco. Son elementos básicos para que el transporte público pueda utilizarse en unas condiciones razonables.
Y aquí es donde creo que debemos mirar más allá del centro de la ciudad.
Durante demasiado tiempo, muchas de las necesidades de los barrios periféricos y de las pedanías parecen quedar en un segundo plano. No digo que no se hagan actuaciones ni que no existan inversiones, pero sí creo que hay que prestar mucha más atención a esos lugares donde los vecinos también pagan sus impuestos, también necesitan desplazarse y también tienen derecho a disfrutar de unos servicios públicos adecuados.
Vivir más lejos del centro no debería significar tener menos comodidades ni recibir una atención de segunda categoría.
Hay actuaciones municipales, pero todavía queda mucho por mirar
Sería injusto ignorar que el Ayuntamiento ha puesto en marcha proyectos para mejorar algunas paradas. En enero de 2025 comenzaron obras de accesibilidad y renovación de instalaciones en distintos puntos, entre ellos el entorno de la Ciudad de la Justicia, el centro de salud de Altabix y la calle Diagonal.
También se ha impulsado una segunda fase de mejora de la accesibilidad y colocación de marquesinas en la red de autobús urbano. Sin embargo, las dificultades en la fabricación y suministro de estos elementos obligaron a ampliar el plazo de ejecución de las obras hasta el próximo 20 de noviembre.
Son actuaciones positivas y necesarias. Nadie debería discutir que mejorar las paradas es una inversión en calidad de vida y accesibilidad.
Pero precisamente porque se están realizando estas mejoras, creo que ha llegado el momento de preguntarse si se está prestando la misma atención a las necesidades de las zonas más alejadas del casco urbano.
La instalación de marquesinas en algunas paradas no debería convertirse en una actuación aislada, sino formar parte de un proyecto más amplio que contemple las necesidades reales de los barrios y las pedanías.
De hecho, la reclamación no es nueva. En febrero de este mismo año ya se había planteado públicamente la necesidad de instalar marquesinas en las paradas de autobús de las pedanías ilicitanas.
Por eso, creo que el Ayuntamiento debería realizar una revisión de las paradas que todavía carecen de protección, hacer público cuáles necesitan una intervención prioritaria y establecer un calendario progresivo de mejoras.
No todas las paradas tendrán las mismas necesidades ni todas permitirán instalar exactamente el mismo tipo de marquesina, pero eso no debería impedir buscar soluciones adaptadas a cada lugar.
También sería conveniente escuchar directamente a los vecinos. Son ellos quienes conocen mejor que nadie las dificultades que encuentran cada mañana, cada tarde o cada noche cuando necesitan coger el autobús.
No pedimos grandes obras, pedimos algo de sentido común
No creo que reclamar un techo para protegerse de la lluvia, un asiento para descansar y una cubierta que reduzca la exposición al sol sea pedir demasiado.
Tampoco creo que sea una exigencia exagerada pedir que las personas mayores y quienes tienen dificultades de movilidad puedan esperar el autobús sin tener que soportar incomodidades que podrían evitarse con unas instalaciones adecuadas.
A veces hablamos de grandes proyectos, de inversiones millonarias y de transformaciones urbanas, mientras dejamos sin resolver pequeñas cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana de las personas.
Y esta es una de ellas.
Me gustaría que el equipo de gobierno recorriera algunas de esas zonas, que se detuviera en determinadas paradas de Vía Parque, que mirara lo que sucede en Carrús, en Camino de la Rápita, en Peña de las Águilas y en otros puntos del extrarradio. No para hacerse una fotografía ni para anunciar una actuación puntual, sino para comprobar personalmente las condiciones en las que esperan el autobús muchos vecinos.
Porque el transporte público debe ser una alternativa cómoda, accesible y digna para todos, no solamente para quienes viven cerca del centro.
Una ciudad no se mide únicamente por sus grandes avenidas, sus plazas renovadas o sus edificios emblemáticos. También se mide por cómo cuida a quienes viven en sus barrios, por cómo atiende a quienes necesitan desplazarse y por la importancia que concede a esas pequeñas cosas que, para muchas personas, no tienen nada de pequeñas.
La próxima vez que alguien tenga que esperar el autobús bajo un sol de justicia o empapándose porque no hay dónde resguardarse, quizá deberíamos preguntarnos si estamos ofreciendo realmente el transporte público que queremos para nuestra ciudad.
Yo creo que no cuesta tanto entenderlo.
Quien utiliza el autobús no pide un privilegio. Pide poder esperar en unas condiciones dignas. Y eso, en una ciudad como la nuestra, no debería ser demasiado pedir.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas/ AFPRESS



