Las cuevas de Ecuador se convierten en laboratorios naturales para estudiar la geología y la biodiversidad

Investigaciones recientes en la Cueva de los Tayos y estudios sobre el agua subterránea de Jumandy revelan el valor científico de estos ecosistemas, cuya conservación resulta esencial para seguir comprendiendo la Amazonía ecuatoriana.

Bajo los bosques de Ecuador existe un mundo que todavía plantea numerosas preguntas a la ciencia. Las cuevas y los sistemas subterráneos no son únicamente formaciones geológicas de gran atractivo paisajístico: también funcionan como entornos naturales en los que investigar la evolución del terreno, la circulación del agua, los microorganismos y las adaptaciones de distintas especies a condiciones extremas.

Dos enclaves ilustran ese interés científico: la Cueva de los Tayos, situada en la provincia de Morona Santiago, y las cavernas de Jumandy, en Napo. Aunque presentan características diferentes, ambas ofrecen oportunidades para estudiar procesos naturales que ayudan a comprender mejor la relación entre el subsuelo, el agua y los ecosistemas amazónicos.

Cueva de los Tayos en Ecuador

La Cueva de los Tayos, objeto de nuevas investigaciones científicas

La Cueva de los Tayos es uno de los sistemas subterráneos más conocidos de Ecuador. Ubicada en el territorio de la comunidad shuar de Coangos, en las estribaciones de la cordillera del Cóndor, destaca por sus características geológicas y por la diversidad de organismos que habitan en su interior.

Su interés científico va mucho más allá de las historias y teorías que han contribuido a alimentar su fama. Investigaciones universitarias han documentado la presencia de microorganismos, hongos, invertebrados y vertebrados, así como las relaciones ecológicas que permiten la vida en un entorno con escasez de luz y nutrientes.

Un trabajo académico de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, publicado en 2024, abordó la caracterización de la diversidad biológica de esta cavidad. El estudio identificó diferentes grupos de organismos y destacó la necesidad de continuar investigando las adaptaciones biológicas y las dinámicas ecológicas de este frágil ecosistema.

La investigación también se ha extendido a la geología y las condiciones ambientales del sistema cavernoso. En julio de 2026, la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH) informó de una expedición científica destinada a estudiar las condiciones geológicas, ambientales y radiológicas de la cueva.

El equipo realizó mediciones de gas radón, radiación gamma, dióxido de carbono, temperatura, humedad, presión atmosférica y velocidad del viento. También tomó muestras para analizar la calidad fisicoquímica y microbiológica del agua. Según la institución, los datos se encuentran en proceso de análisis y validación para contribuir a futuras investigaciones.  «Información de la expedición científica de la ESPOCH«.

Estas mediciones permiten conocer mejor las condiciones del ambiente subterráneo y establecer una base de datos para futuras investigaciones. No obstante, los resultados definitivos deberán interpretarse a partir de los análisis científicos correspondientes.

Jumandy y el agua que conserva información sobre el clima

En la provincia de Napo, las cavernas de Jumandy ofrecen otro ejemplo del valor científico de los sistemas subterráneos. Además de su interés turístico, este entorno ha sido objeto de investigaciones sobre el agua y su relación con las precipitaciones de la Amazonía occidental.

Un estudio publicado en 2022 en la revista científica Journal of Hydrology analizó la composición isotópica de la lluvia y del agua que se filtra hasta el interior de la cueva. Para ello, los investigadores monitorizaron parámetros meteorológicos e hidrológicos y estudiaron muestras de lluvia, de un río subterráneo y del agua que gotea en distintos puntos de la cavidad.

El objetivo era comprender cómo varía la composición del agua durante su recorrido desde la superficie hasta el subsuelo. Esta información es relevante porque el agua que se infiltra en las rocas puede intervenir en la formación de depósitos minerales y en la conservación de registros naturales del clima pasado.

Las estalagmitas y otras formaciones minerales, conocidas en conjunto como espeleotemas, pueden incorporar señales químicas e isotópicas relacionadas con las condiciones ambientales en las que se formaron. Analizadas mediante técnicas especializadas, pueden ayudar a reconstruir variaciones climáticas de épocas anteriores.

La investigación sobre Jumandy aporta datos para entender cómo las precipitaciones y la circulación del agua influyen en estos procesos. «Consultar el artículo científico sobre el agua de la cueva de Jumandy«.  

 

Ecosistemas frágiles en condiciones extremas

Las cuevas presentan condiciones muy diferentes a las de los ecosistemas exteriores. La ausencia de luz en buena parte de sus galerías limita la fotosíntesis, mientras que la disponibilidad de alimento puede depender de materiales orgánicos que llegan desde el exterior, del agua o de las interacciones entre los organismos que viven allí.

La humedad, la temperatura, la composición del agua y la estructura de las galerías también condicionan la presencia y distribución de las especies. Por eso, estudiar estos espacios requiere combinar disciplinas como la geología, la microbiología, la zoología, la hidrología y la conservación ambiental.

La investigación sobre los hongos asociados a la vegetación presente en la Cueva de los Tayos, publicada en 2020, constituye otro ejemplo de esta diversidad. El trabajo registró 69 hongos endófitos a partir de muestras de hojas y tallos de siete especies vegetales que crecían en el interior de la cueva. Los resultados ampliaron el conocimiento sobre las comunidades de hongos vinculadas a estas plantas. «Consultar la investigación sobre hongos endófitos«.

Estos hallazgos muestran que el interés de las cavidades subterráneas no se limita a sus dimensiones o a las formaciones rocosas. También reside en las relaciones biológicas que se desarrollan en ambientes poco conocidos y especialmente sensibles a las alteraciones.

Visitar las cuevas sin poner en riesgo su conservación

El interés científico de estas cavidades convive con su potencial para el turismo de naturaleza, aunque no todas pueden visitarse en las mismas condiciones.

Las cavernas de Jumandy cuentan con un complejo turístico gestionado con participación de la comunidad local. Antes de desplazarse, conviene confirmar los horarios, las tarifas y las condiciones del recorrido con sus responsables.

La Cueva de los Tayos, por su parte, requiere una planificación mucho más exigente. El acceso a la cavidad principal implica dificultades técnicas y logísticas, por lo que no debe confundirse con una visita convencional. Es necesario informarse sobre los permisos, las condiciones físicas requeridas, el equipo y la contratación de operadores especializados.

En ambos casos, la conservación debe formar parte de la experiencia. Evitar residuos, no tocar ni extraer formaciones minerales y respetar las indicaciones de los guías son medidas esenciales para reducir el impacto humano.

Ecuador ofrece así una perspectiva poco conocida de su riqueza natural. Sus cuevas son espacios de exploración, pero también archivos geológicos y ecosistemas vivos que la investigación científica continúa estudiando. Comprenderlos mejor permite valorar no solo su atractivo, sino también la necesidad de protegerlos.

Cueva de los Tayos en Ecuador

 

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