Hay guerras que empiezan con una declaración solemne, otras cuando se cruza una frontera y otras porque quien las inicia cree que el enemigo se rendirá rápidamente, antes incluso de tener tiempo para reaccionar.
La invasión rusa a gran escala de Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, comenzó con una apuesta por la rapidez. El Kremlin esperaba alcanzar sus principales objetivos militares y políticos en un plazo muy corto. Sin embargo, aquella previsión se encontró con una realidad que resultó completamente distinta: Ucrania resistió, Kiev no cayó y la guerra se convirtió en un conflicto prolongado que continúa teniendo consecuencias enormes.
La planificación rusa contemplaba una campaña extraordinariamente rápida. Un análisis del Royal United Services Institute (RUSI) situó en aproximadamente diez días el plazo previsto por los planificadores rusos para derrotar al Gobierno ucraniano, tomar el control de las principales instituciones y consolidar la ocupación.
Una operación concebida para ser rápida
Cuando las tropas rusas cruzaron las fronteras ucranianas en febrero de 2022, Moscú disponía de una importante superioridad militar y esperaba que esa ventaja pudiera traducirse rápidamente en una victoria.
El objetivo sobre Kiev era especialmente relevante. Las fuerzas rusas avanzaron desde Bielorrusia hacia la capital mientras otras columnas entraban desde el este y el sur. La estrategia parecía diseñada para ejercer una presión inmediata sobre el Gobierno de Volodímir Zelenski y provocar su caída.
Pero Ucrania no respondió como esperaba el Kremlin.
Las fuerzas ucranianas ofrecieron una resistencia mucho mayor de la prevista. La población permaneció movilizada y el Gobierno continuó funcionando. Zelenski permaneció en Kiev durante los primeros días de la invasión, convirtiéndose en uno de los principales símbolos de la resistencia ucraniana.
El avance ruso hacia la capital terminó fracasando y las tropas rusas se retiraron posteriormente del norte del país.
Aquello fue mucho más que un revés militar.
Fue el momento en el que la previsión de una victoria rápida comenzó a desmoronarse.
Diez días frente a una guerra de años
Diez días.
Ese era, según las investigaciones sobre los planes iniciales rusos, un horizonte temporal extraordinariamente reducido para una operación que pretendía cambiar el futuro político de un país de más de 40 millones de habitantes.
Pero diez días se convirtieron en semanas.
Las semanas se convirtieron en meses.
Los meses se convirtieron en años.
Y Ucrania continuó existiendo como Estado independiente.
La guerra pasó por diferentes fases. Tras el fracaso del intento de tomar Kiev, Rusia concentró progresivamente sus esfuerzos militares en el este y el sur de Ucrania. El conflicto adquirió las características de una guerra de desgaste, con enormes costes humanos y materiales.
La realidad terminó demostrando que una superioridad militar inicial no garantizaba una victoria rápida.
El error de subestimar a Ucrania
A mi juicio, una de las grandes lecciones de esta guerra está precisamente en la distancia entre los planes militares y la voluntad de las personas.
Un mapa puede mostrar carreteras, ciudades, fronteras y objetivos estratégicos. Un informe puede calcular tropas, armamento, tiempos de desplazamiento y posibilidades de victoria.
Pero hay algo mucho más difícil de calcular: la voluntad de un pueblo de defender su país.
Eso fue lo que Ucrania demostró desde las primeras horas de la invasión.
La resistencia no fue únicamente militar. También fue institucional y social. El Estado ucraniano no desapareció, el Gobierno no huyó y la población se movilizó ante una situación que muchos analistas consideraban inicialmente extremadamente difícil para Ucrania.
La resistencia de Kiev terminó convirtiéndose en uno de los primeros grandes fracasos de la estrategia rusa.
Hoy Alicante también habla de Ucrania
Y precisamente hoy, 23 de agosto de 2026, esta historia tiene una dimensión especialmente cercana para quienes vivimos en la provincia de Alicante.
La comunidad ucraniana conmemora este fin de semana en Alicante el 35.º aniversario de la independencia de Ucrania con una marcha solidaria organizada por Amigos de Ucrania. La convocatoria está prevista para las 18:30 horas en la parte alta de la Rambla Méndez Núñez, desde donde los participantes recorrerán esta céntrica vía hasta La Conxa de la Explanada de España portando una bandera ucraniana de 100 metros de longitud.
La fecha tiene además un significado especial. El 23 de agosto se celebra el Día de la Bandera Nacional de Ucrania, mientras que el Día de la Independencia se conmemora oficialmente el 24 de agosto. Fue precisamente el 24 de agosto de 1991 cuando el Parlamento ucraniano aprobó la Declaración de Independencia, hace ahora 35 años.
La celebración alicantina permite recordar que la guerra no es únicamente una cuestión de mapas, ejércitos y decisiones políticas. Detrás de cada noticia hay personas. Familias que tuvieron que abandonar sus hogares, ciudadanos que siguen teniendo familiares en Ucrania y una comunidad que, aunque se encuentre lejos de su país, mantiene su identidad y sus vínculos.
Por eso, la imagen de una bandera ucraniana de 100 metros recorriendo hoy las calles de Alicante adquiere un significado que va mucho más allá de lo simbólico. Es también una manera de recordar que aquella Ucrania que Rusia esperaba doblegar rápidamente continúa existiendo y defendiendo su independencia.
Putin y una previsión que no se cumplió
La planificación rusa contemplaba una campaña extremadamente rápida y que sus estrategas esperaban conseguir una victoria decisiva en cuestión de días.
La realidad fue otra.
Kiev resistió.
El Gobierno ucraniano permaneció en el poder.
El Ejército ruso no consiguió sus objetivos iniciales.
Y la guerra que debía ser corta se transformó en un conflicto prolongado.
Una guerra que cambió Europa
Las consecuencias de aquel fracaso inicial no se limitaron a Ucrania.
La invasión provocó una profunda transformación de la seguridad europea, impulsó nuevas sanciones contra Rusia, aceleró el debate sobre el gasto militar de numerosos países europeos y reforzó la cooperación de los aliados occidentales con Ucrania.
También tuvo consecuencias humanas extraordinarias.
Millones de ucranianos abandonaron sus hogares y buscaron refugio dentro y fuera del país. Otros permanecieron en sus ciudades pese a los ataques y la destrucción.
En España, la llegada de ciudadanos ucranianos hizo que la guerra dejara de ser una realidad lejana para convertirse también en una cuestión cotidiana.
Y Alicante es un buen ejemplo.
La provincia cuenta con una importante comunidad ucraniana y la celebración de hoy demuestra que la identidad de estas personas continúa estrechamente ligada a lo que sucede en su país de origen.
Diez días que se convirtieron en una historia completamente diferente
Hay algo profundamente revelador en comparar aquellos planes iniciales con la realidad.
Unos diez días.
Eso era, según las reconstrucciones disponibles, el horizonte de una operación que pretendía transformar Ucrania.
Han pasado más de cuatro años desde el inicio de la invasión a gran escala.
La guerra continúa dejando víctimas, desplazados, ciudades destruidas y familias separadas. Y mientras los Gobiernos siguen buscando fórmulas para alcanzar una paz que permita poner fin al conflicto, la comunidad ucraniana sigue recordando quién es y por qué defiende su independencia.
Hoy, en Alicante, esa memoria tendrá forma de bandera.
Una bandera azul y amarilla de 100 metros avanzando por la Rambla.
Puede parecer solamente una imagen.
Pero detrás de esa imagen hay 35 años de independencia, una guerra que no terminó en diez días y miles de personas que siguen esperando poder regresar algún día a una Ucrania en paz.
Desde mi punto de vista, esa es quizá la principal lección que deja esta historia.
Las guerras pueden comenzar con cálculos militares. Pero no siempre terminan como quienes las empiezan habían previsto.
Y Ucrania es, hasta ahora, uno de los ejemplos más evidentes de ello.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS
