El Senado y los tribunales no deberían convertirse en armas de la política

Las instituciones no son armas de ningún partido

El Senado y los tribunales no pueden convertirse en armas políticas

Hay algo que me preocupa mucho de la política que estamos viviendo: cada vez parece más difícil distinguir entre utilizar las instituciones para cumplir su función y utilizarlas para atacar al adversario político.

Y lo que está ocurriendo estos días con el Senado y el Tribunal Supremo, a raíz de las comparecencias de los ministros por la crisis de Ceuta, me parece un buen ejemplo.

El PP tiene mayoría absoluta en el Senado y está utilizando esa mayoría para exigir la presencia de ministros y reclamar explicaciones al Gobierno. Es legítimo. La oposición tiene que controlar al Gobierno.

Pero una cosa es controlar y otra convertir una institución en una trinchera política.

El Senado no es del PP.

Es de todos.

Y exactamente lo mismo ocurre con el Gobierno. Que Pedro Sánchez sea presidente no significa que pueda elegir siempre cuándo, dónde y cómo quiere responder al Parlamento. Un Gobierno democrático tiene que rendir cuentas.

Hasta ahí, creo que deberíamos estar todos de acuerdo.

¿Y ahora también los tribunales?

El enfrentamiento ha dado un paso más después de que el PP haya acudido al Tribunal Supremo para reclamar judicialmente las comparecencias de los ministros.

Tiene derecho a hacerlo si considera que existe una cuestión jurídica que debe resolver la Justicia.

Pero aquí es donde yo me pregunto si estamos haciendo las cosas bien.

¿De verdad queremos que cada enfrentamiento político termine en los tribunales?

Los jueces tienen que resolver cuestiones jurídicas. No deberían convertirse en una pieza más de las guerras entre partidos.

Porque si todo vale para desgastar al contrario, acabaremos viendo el Congreso, el Senado y los tribunales como simples armas políticas.

Y eso sería un enorme error.

Las instituciones son nuestras

No son del PP.

No son del PSOE.

No son de Vox.

No son de Sumar.

Son nuestras.

Las pagamos todos. Las sostenemos todos y deberían servir a todos. Por eso creo que tanto el Gobierno como la oposición deberían bajar un poco el tono y recordar para qué están ahí. El Gobierno debe explicar y rendir cuentas. La oposición debe controlar y fiscalizar. El Senado debe ejercer su función. El Congreso debe ejercer la suya. Y los jueces deben hacer su trabajo con independencia.

Cada uno en su sitio.

Porque cuando los partidos convierten las instituciones en armas para hacerse daño, quizá alguno consiga ganar una batalla política.

Pero hay un perdedor seguro: el ciudadano.

Y yo no quiero unas instituciones que sean propiedad de quien tenga la mayoría en cada momento. Quiero unas instituciones que estén por encima de los partidos. Porque los políticos pasan. Las instituciones y los ciudadanos permanecemos.

 

Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS

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