Quieren que ahorremos para nuestra propia jubilación
La pensión de un trabajador no puede convertirse en un fondo de inversión
La propuesta de José María Figaredo para avanzar hacia un modelo mixto de pensiones abre un debate que afecta directamente a millones de trabajadores y pensionistas y que merece algo más que el calificativo de «sistema zombi»
Hay asuntos que deberían tratarse con muchísimo cuidado porque detrás de una palabra, de una frase contundente o de una propuesta aparentemente técnica hay millones de personas que se juegan buena parte de su tranquilidad. Las pensiones son uno de ellos.
Y por eso me preocupa especialmente escuchar al portavoz económico de VOX, José María Figaredo, decir que el actual sistema de pensiones es «un zombi» y que «lo han quebrado», para plantear a continuación una reforma estructural que combine el actual sistema de reparto con la capitalización individual.
No estamos hablando de un pequeño retoque administrativo.
Estamos hablando de cómo vamos a garantizar que una persona pueda vivir dignamente cuando deje de trabajar.
Y ahí es donde, en mi opinión, conviene detenerse y mirar con mucha atención qué significa realmente esa propuesta.
Un modelo mixto no es simplemente cambiar una palabra
La formulación que utiliza VOX es clara: «un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual». El programa económico y de vivienda de la formación publicado en 2025 también plantea iniciar la capitalización de un fondo de pensiones público con criterios de rentabilidad privada y avanzar hacia un sistema mixto siguiendo una línea similar a Suecia.
Por tanto, no sería riguroso decir que VOX propone directamente eliminar todas las pensiones públicas.
Pero tampoco sería riguroso presentar el asunto como si nada fuera a cambiar.
Cambiar una parte del sistema público de reparto por un sistema en el que cada trabajador acumule capital individual supone modificar profundamente la lógica actual de las pensiones.
Y ahí está precisamente el debate que considero que debemos tener.
¿Qué ocurre con quien no puede ahorrar?
Esta es, para mí, la pregunta fundamental.
Porque sobre el papel puede resultar atractivo hablar de una cuenta individual, de ahorro propio, de capitalización y de rentabilidad.
Pero la vida real no es igual para todos.
No cobra lo mismo una persona que tiene un salario elevado que otra que llega con dificultad a final de mes. No tiene las mismas posibilidades de ahorrar quien trabaja con estabilidad durante décadas que quien encadena contratos temporales, periodos de desempleo o empleos precarios.
Y tampoco tiene las mismas posibilidades quien puede destinar todos los meses una cantidad a complementar su futura jubilación que quien necesita ese dinero para pagar el alquiler, la hipoteca, la luz, la comida o ayudar a sus hijos.
Por eso me cuesta aceptar que el ahorro individual pueda presentarse como una solución sencilla para el futuro de las pensiones.
El ahorro es una buena herramienta para quien puede ahorrar. Pero no puede convertirse en el requisito que determine cuánto de dignamente podrá vivir una persona cuando llegue a la jubilación.
VOX ya había planteado esta fórmula
No estamos ante una ocurrencia completamente nueva.
El programa de VOX de 2019 defendía un sistema mixto de capitalización y reparto. En aquella propuesta, el 50 % de las contribuciones se destinaba a una cuenta individual de capitalización y el otro 50 % permanecía en un sistema de reparto que garantizaba una pensión mínima. La parte de capitalización se planteaba mediante entidades privadas reguladas.
El programa económico de 2025 recuperó la idea, aunque con una formulación diferente y sin establecer en ese documento un porcentaje concreto de reparto y capitalización.
Y ahora Figaredo vuelve a ponerla encima de la mesa justo cuando España se encuentra ante unas elecciones generales convocadas para el 29 de noviembre de 2026.
Eso hace todavía más necesario que los ciudadanos conozcan qué se propone exactamente y, sobre todo, cómo se pretende hacer.
Falta una respuesta fundamental
Porque hay una cuestión que no podemos pasar por alto.
¿Cómo se financiaría la transición desde el actual sistema hacia ese modelo mixto?
En las declaraciones conocidas de Figaredo no se concreta qué porcentaje de las cotizaciones se desviaría hacia la capitalización individual ni cómo se financiaría esa transición. Esa ausencia no es un detalle menor.
Cambiar un sistema de pensiones no consiste simplemente en decidir que, a partir de determinado momento, una parte del dinero vaya a una cuenta individual.
Durante décadas habrá personas jubiladas cobrando sus pensiones mientras los trabajadores en activo cotizan y, al mismo tiempo, comienzan a acumular ahorro individual.
¿Quién paga esa transición?
Esa es una pregunta que merece una respuesta clara antes de pedir a los ciudadanos que acepten el cambio.
Una pensión no debería depender de la suerte
Y aquí es donde quiero ser especialmente crítico con la idea de que la capitalización individual pueda convertirse en una pieza fundamental de nuestro sistema.
El dinero invertido puede obtener rentabilidad, pero también está expuesto a los riesgos propios de los mercados financieros. Por eso no me parece razonable hablar únicamente de la posibilidad de ganar más sin explicar también qué ocurre cuando las cosas van mal.
Porque una pensión no es un producto financiero más.
No estamos hablando de comprar acciones, contratar un fondo de inversión o decidir dónde colocar unos ahorros. Estamos hablando del dinero con el que una persona tendrá que vivir cuando ya no tenga un salario.
La diferencia es enorme.
Y tampoco vale decir que todo está resuelto porque exista una pensión mínima
La propuesta histórica de VOX hablaba de garantizar una pensión mínima mediante el sistema de reparto y complementar esa prestación con el ahorro acumulado individualmente.
Pero volvemos a la misma pregunta: ¿qué ocurre con quien llega a la jubilación sin haber podido acumular suficiente capital?
Ahí es donde el debate deja de ser económico y se convierte en profundamente social.
Porque dos personas pueden haber trabajado toda su vida y, sin embargo, haber tenido posibilidades completamente diferentes para ahorrar.
Una puede haber tenido buenos salarios, vivienda en propiedad y capacidad para invertir.
Otra puede haber trabajado por salarios bajos, haber pagado alquiler durante décadas y haber tenido que ayudar económicamente a su familia.
¿Deberían ambas afrontar su jubilación con las mismas garantías?
Para mí, esa es una de las preguntas que cualquier reforma debería responder antes de vendernos las bondades de la capitalización.
No se puede arreglar el futuro sembrando incertidumbre
También me parece discutible el diagnóstico de Figaredo cuando califica el sistema de pensiones de «zombi» y afirma que está «quebrado». Son sus palabras y forman parte de su argumentación política.
Pero una cosa es reconocer que el envejecimiento de la población y la evolución demográfica plantean un desafío enorme para las pensiones y otra muy distinta presentar el sistema como si estuviera muerto.
Las pensiones necesitan reformas, sostenibilidad y financiación suficiente. Eso es perfectamente compatible con defender que la solución no tiene por qué consistir necesariamente en trasladar una parte cada vez mayor de la responsabilidad desde el sistema colectivo hacia la capacidad individual de ahorro.
Y esa discusión merece cifras, estudios, simulaciones y explicaciones.
No eslóganes.
Lo que está en juego es mucho más que una cuenta bancaria
Hay algo que deberíamos recordar cada vez que hablamos de pensiones.
La pensión de una persona mayor no es solamente el resultado de lo que esa persona haya conseguido ahorrar.
También es el resultado de una vida entera trabajando, cotizando y contribuyendo a la sociedad.
Por eso considero peligroso convertir el debate en una simple cuestión de «cada uno que ahorre para su futuro».
Porque detrás de esa frase puede esconderse una realidad muy diferente: que quien tenga capacidad económica pueda complementar su jubilación y quien no la tenga dependa de una prestación pública cada vez más limitada.
Y eso abriría una brecha que después sería muy difícil cerrar.
El debate merece mucha más claridad
VOX tiene todo el derecho a defender un modelo mixto de pensiones. Y los ciudadanos tienen exactamente el mismo derecho a preguntar qué parte seguiría siendo pública, qué parte sería individual, quién gestionaría ese dinero, qué riesgos asumiría cada trabajador, cómo se financiaría la transición y qué pensión tendría garantizada una persona que no pudiera ahorrar lo suficiente.
Esas preguntas no son ideológicas.
Son preguntas básicas.
Y ahora que Figaredo ha vuelto a poner la propuesta encima de la mesa, sería bueno que el debate no se quedara en aquello de que el sistema es «un zombi» ni en la etiqueta de «modelo mixto».
Porque cuando hablamos de pensiones estamos hablando de algo mucho más sencillo y mucho más importante:
que después de toda una vida trabajando, nadie tenga que enfrentarse a la jubilación preguntándose si podrá llegar a fin de mes.
Y ahí, por encima de siglas y partidos, debería estar el verdadero debate.
Paco Ciclón / Testigo de nuestras historias cotidianas/ AFPRESS